Hoy no me ha llegado ningún correo, tal vez porque la conexión ha dejado de funcionar. Reviso el router y veo que todo está en orden. También lo están los puertos, los HDMI, los auriculares. Tal vez debería abrir la caja del ordenador por si se ha introducido algún cuerpo extraño, pero no me atrevo. El equipo es un bien valioso y no quiero hacer un mal uso de él. Sigo conectado con los quehaceres habituales y me pregunto qué hay más allá de la pantalla para que cada día mi rutina me lleve al mismo lugar. Es un acto que no requiere esfuerzo, que incluso me resulta un disfrute personal y me da fuerzas para enfrentarme a todo lo demás. Siempre he pensado que cuando estás en un barco que no es un cascarón de nuez, que no hace aguas y que además te enseña a navegar, estar en cubierta es un privilegio, aunque en ocasiones las olas te arrebaten el equilibrio y te vengan las dudas.
Hago una llamada por la red para comprobar
si hay alguien más allá y todo va bien.
Hola Juan, ¿Cómo estás?
Ufff, empezaba a pensar que no
tenía conexión. No me llega ningún e-mail desde hace horas y creía que alguien
me había desenchufado. Por un momento me he sentido una provincia de ultramar.
Pero veo que todo está en orden. Gracias por responder. Hasta luego.
Y es que hay desconexiones que
sirven para volver a enlazarte con más fuerza porque sigue habiendo generador
de energía. Y si el generador falla, siempre encuentras otro con nueva onda
pero igual potencia.
© J. Z. B.
