domingo, 6 de diciembre de 2015

BLANCA Y DULCE NAVIDAD



Hoy es uno de esos días en que he tenido la percepción de que ha empezado la Navidad en mi vida. Espinelves se ha convertido en la peregrinación de moda de aquellos que buscan un arbolito para adornar el salón de casa. Además del arbolito, te llevas una caravana kilométrica, una aglomeración mareante de seres buscando la esencia perdida de la niñez, una legión de niños llorando porque les asfixia el ambiente y el estómago vacío por no haber podido comer en alguno de los restaurantes del lugar. Todo se ha masificado por el poder televisivo, por la inercia de las masas faltas de criterio. Ahora se acercan los días en los que acudes a los centros comerciales para hacer todo aquello que está escrito en la los mandamientos de la sociedad de consumo: Comprar entre miles de personas que intentan hacer lo mismo que tú en Zara. Guardar colas interminables para pagar, entre medio de miles de niños corriendo por el Decathlon. Discutir con tu pareja sobre el restaurante elegido para ir a comer con tu familia, porque a ella no le gustó el del año pasado. Discutir con tu pareja sobre el restaurante que ha elegido para ir a comer con su familia, porque a ti no te gustó el del año pasado. Advertir a los tuyos de que no hablen sobre lo mismo  que el año pasado en la comida familiar, porque saltaron chispas y quieres comerte los langostinos sin sobresaltos. Comerte las uvas en las urgencias de Sant Joan de Deu porque alguno de tus hijos o sobrinos se ha descalabrado en el parque, mientras tú te afanabas en la cocina con esa pierna de cordero que nunca  acaba de salir como tú quieres y así agasajar a la familia que viene a cenar a casa. Finalmente llegará la noche de Reyes que será la más fría de todo el invierno y tendrás que aguantar hasta las diez o las once de la noche en la cola para que tu hijo entregue la carta al Paje Real. Tu familia, mientras tanto, estará a resguardo en un bar cercano, tomando algo caliente, entre medio de una turba cabreada porque nadie les atiende. No sé por qué, pero siempre hay un cuñado que no puede ir a la cabalgata y tienes que contentar tú a la sobrinita y que también entregue ella su carta. Esta es la Navidad tal como la veo en mi cuarentena; acaba de empezar y ya estoy deseando navegar en la tranquila cuesta de Enero. ¡Vivir para entenderlo!

Gaelia 2015


SUEÑOS DE UNA NOCHE DE SAN JUAN

Me he levantado leyendo la columna de D. Manuel Vicent que publica hoy EL PAIS . ( https://elpais.com/opinion/2025-06-22/noche-de-san-juan-...