Hoy es uno de esos días en que he
tenido la percepción de que ha empezado la Navidad en mi vida. Espinelves se ha
convertido en la peregrinación de moda de aquellos que buscan un arbolito para
adornar el salón de casa. Además del arbolito, te llevas una caravana
kilométrica, una aglomeración mareante de seres buscando la esencia perdida de
la niñez, una legión de niños llorando porque les asfixia el ambiente y el estómago
vacío por no haber podido comer en alguno de los restaurantes del lugar. Todo
se ha masificado por el poder televisivo, por la inercia de las masas faltas de
criterio. Ahora se acercan los días en los que acudes a los centros comerciales
para hacer todo aquello que está escrito en la los mandamientos de la sociedad
de consumo: Comprar entre miles de personas que intentan hacer lo mismo que tú
en Zara. Guardar colas interminables para pagar, entre medio de miles de niños
corriendo por el Decathlon. Discutir con tu pareja sobre el restaurante elegido
para ir a comer con tu familia, porque a ella no le gustó el del año pasado.
Discutir con tu pareja sobre el restaurante que ha elegido para ir a comer con
su familia, porque a ti no te gustó el del año pasado. Advertir a los tuyos de
que no hablen sobre lo mismo que el año pasado en la comida
familiar, porque saltaron chispas y quieres comerte los langostinos sin
sobresaltos. Comerte las uvas en las urgencias de Sant Joan de Deu porque
alguno de tus hijos o sobrinos se ha descalabrado en el parque, mientras tú
te afanabas en la cocina con esa pierna de cordero que nunca acaba de salir
como tú quieres y así agasajar a la familia que viene a cenar a casa.
Finalmente llegará la noche de Reyes que será la más fría de todo el invierno y
tendrás que aguantar hasta las diez o las once de la noche en la cola para que
tu hijo entregue la carta al Paje Real. Tu familia, mientras tanto, estará a
resguardo en un bar cercano, tomando algo caliente, entre medio de una turba
cabreada porque nadie les atiende. No sé por qué, pero siempre hay un cuñado que no
puede ir a la cabalgata y tienes que contentar tú a la sobrinita y que también entregue
ella su carta. Esta es la Navidad tal como la veo en mi cuarentena; acaba de
empezar y ya estoy deseando navegar en la tranquila cuesta de Enero. ¡Vivir
para entenderlo!
Gaelia 2015
Gaelia 2015

No hay comentarios:
Publicar un comentario