martes, 14 de enero de 2020
DESDE MI CALLE - ESTAS SON MIS QUEJAS
¿Acostumbran uds. a quejarse? Parece que junto con la envidia es el deporte nacional. Todos tenemos motivos de queja y todos conocemos a alguien que nos atrapa en una conversación donde nos cuenta toda clase de reproches a la vida, a la familia, al Ayuntamiento o al gobierno de turno. En las redes sociales, sin embargo, abunda más el postureo sobre lo bien que nos trata la vida y nos negamos a mostrar nuestras frustraciones. Twitter es harina de otro costal y quizás algún día pueda escribir sobre esa red tan particular.
Como decía, la queja como deporte nacional está a la orden del día y sin embargo no reparamos que cuando nos quejamos antes algún amigo, vecino o familiar podemos estar ante quien tenga mayores motivos de queja y, tal vez por pudor, evite contar sus penurias personales. Creo que quejarse es sano pero en su justa medida y sobre todo, si podemos remediar aquello que nos apena o nos agobia, no malgastemos nuestras fuerzas en hablar de lo que nos molesta y empleemos las energías en remediar nuestra situación.
Finaliza 2019 y tengo muchas ganas de que acabe porque en lo personal no he tenido un año para celebrarlo. Como siempre he tenido cosas buenas y malas, con todo, lo malo ha tapado las cosas buenas que me ha regalado esta vida. No me quejo porque vivir es esto, afrontar situaciones negativas y celebrar logros. Para este año que entra, si hacen algún propósito no sucumban si los inicios son complicados; pongan empeño y un método que les ayude en aquello que desean.
Para 2020 aspiro a que la salud no nos abandone, que nos quejemos con moderación y que Osuna siga brillando.
¡Salud y letras!
Juan Zamora Bermudo
Publicado en EL PESPUNTE OSUNA en enero de 2020
https://www.elpespunte.es/desde-calle-estas-mis-quejas/
miércoles, 11 de diciembre de 2019
EL PESPUNTE OSUNA. DESDE MI CALLE. ENVIDIAS. NOVIEMBRE 2019
Define el diccionario de la RAE que la envidia es la “Tristeza o pesar del bien ajeno”o en una segunda acepción “emulación, deseo de algo que no se posee”.
En lo referente a la envidia y su repercusión social, creo que en este país tenemos la desgracia de estar entre las sociedades que más sufren este mal. No es que tenga un dato empírico sacado de un sesudo estudio sociológico, sino que es pura percepción vital.
Siempre se ha dicho que nadie es profeta en su tierra y eso, no me cabe duda, tiene como una de sus premisas la envidia que despierta en los demás los éxitos propios, lo cual me convence para pensar que siempre es mejor pasar discretamente por la vida.
Hace mucho tiempo escuché decir al actor Pedro Ruíz que cuando le venían los éxitos, siempre los acompañaba de alguna desgracia personal inventada, con el fin de aplacar las envidias que despertaba a su alrededor. La envidia
paraliza a quien la experimenta y si la envidia es generalizada, paraliza los pueblos.
Mientras pensemos que aquello que ha conseguido nuestro familiar o amigo ha sido de forma injusta, sin mayor justificación caeremos en la invalidez anímica y si el grado de envidia es extraordinario, en la invalidez total y permanente.
¿Quién no conoce algún caso donde la envidia ha fulminado años de relación y amistad?. Lo cierto es que la envidia
se produce entre iguales, entre personas de mismo nivel social, cultural o económico.
Cuando está fuera del alcance del envidioso, la envidia se convierte en otra cosa, tal vez admiración, anhelo o algo así. Gaelia me contó una vez una historia de un envidioso que al no poder alcanzar nunca la cima de sus deseos, acabó destruyendo lo que tenía bajo su poder. Es la capacidad de aniquilación del envidioso: si no lo tengo yo, no será para nadie.
Juan Zamora Bermudo
JUBILACIONES
El otro, hombre o mujer, siempre muerto, es lo que tenía que conseguir.
Debía ser de madrugada y sin testigos. Su víctima, un tren corriente, sin un motivo concreto que le llevara a elegirlo. En su sala, controlando los monitores de la línea de mercancías, después de cuarenta años de servicio, era lo que necesitaba para que recordaran que allí había estado sufriendo precariedad, mal pagado y pendiente de un ascenso que jamás llegó.
En su última noche como controlador ferroviario, cambió las agujas del cruce de San Ramón.
Sonriendo, se detuvo ante el monitor y vio cómo el tren correo tomó la fatídica vía muerta.
© Gaelia 2016
PUBLICADO EN EL PESPUNTE OSUNA. DESDE MI CALLE. NOVIEMBRE 2019
martes, 19 de noviembre de 2019
ERIKA GODWIND
Sufriendo lo indecible por amor es como pasó toda su
vida. Erika Godwind vivió lo mejor de la época de la Ley Seca y lo peor de la Gran
Depresión. Los años de los clubs nocturnos del Brooklyn italiano e irlandés. Actuó todos los
sábados de 1927 en el Lower Manhatan, junto con el coro de bailarinas heroinómanas
del Gran Luciano. Quiso pasar la vida con Charly pero los negocios, la
cárcel y su destierro en Italia lo impidieron. El Gran Luciano se fue para
siempre y le dejó su adicción a las drogas, el corazón deshecho y el cuerpo sin
alma.
© Gaelia 2019
domingo, 3 de noviembre de 2019
DESDE MI CALLE - VIAJES
Desgraciadamente el low cost me pilló ya mayor, con hipoteca y cargas familiares. Por
eso no he podido viajar excesivamente, aunque los pocos viajes que he
hecho, los he aprovechado. Les he sacado el jugo suficiente para poder
hacerme una idea de aquellos lugares que he recorrido, no tan sólo por
las calles andadas y edificios visitados, sino por el contacto con las
personas que habitan el lugar de destino.
Viajar es dejar tus seguridades aparcadas durante un tiempo y aventurarse en la ilusión del laberinto, en la ilusión de lo desconocido. Una opción al alcance de todos es viajar sentado en una butaca o en el sillón, leyendo algún libro junto a una copa de vino.
Hay muchos libros de viajes que nos embarcan hacia nuevos mundos, mundos de los que casi nunca sabemos cuál será el puerto de destino; algún día hablaré de alguno de ellos. Hay viajes que nunca se olvidan por mucho tiempo que pase y así me lo contó Gaelia mientras tomábamos café en una terraza que justamente daba al Mediterráneo y que invitaba a viajar.
Que ustedes lo disfruten.
¡Salud y letras!
Juan Zamora Bermudo
UNA NUEVA EXISTENCIA
Cuando iba en aquellos veranos de mi infancia a visitar a mi abuela Carmen al pueblo, siempre estaban aquellas gafas redondas de pasta sobre la vieja cómoda isabelina de la habitación de mi abuela. Eran las gafas de mi abuelo Manuel que murió durante la guerra civil y jamás pude saber por qué mi abuela conservaba en aquel lugar las gafas de su marido. Parecía como si las tuviera allí dispuestas, esperando que Manuel viera lo que sucedía en su casa desde donde quiera que estuviera.
Carmen murió en el año 1988 y mi padre y yo fuimos al pueblo para encontrarnos con toda la familia. Al volver del cementerio, mis tíos prepararon una hoguera en el corral para quemar, como era costumbre, todo el ajuar del difunto con el fin de que el humo transportase la esencia de él hacía algún lugar del universo. Cuando mi tío vio las gafas que mi abuela usaba para coser dijo «no; las gafas no» y se las guardó en el bolsillo.
Este año volví a la casa en donde ahora viven mis tíos y sobre la vieja cómoda isabelina se hallaban las gafas de Manuel y junto a éstas, las de mi abuela Carmen.
Gaelia 2002
Publicado en El Pespunte el 03112019
https://www.elpespunte.es/desde-calle-viajes/
Viajar es dejar tus seguridades aparcadas durante un tiempo y aventurarse en la ilusión del laberinto, en la ilusión de lo desconocido. Una opción al alcance de todos es viajar sentado en una butaca o en el sillón, leyendo algún libro junto a una copa de vino.
Hay muchos libros de viajes que nos embarcan hacia nuevos mundos, mundos de los que casi nunca sabemos cuál será el puerto de destino; algún día hablaré de alguno de ellos. Hay viajes que nunca se olvidan por mucho tiempo que pase y así me lo contó Gaelia mientras tomábamos café en una terraza que justamente daba al Mediterráneo y que invitaba a viajar.
Que ustedes lo disfruten.
¡Salud y letras!
Juan Zamora Bermudo
UNA NUEVA EXISTENCIA
Cuando iba en aquellos veranos de mi infancia a visitar a mi abuela Carmen al pueblo, siempre estaban aquellas gafas redondas de pasta sobre la vieja cómoda isabelina de la habitación de mi abuela. Eran las gafas de mi abuelo Manuel que murió durante la guerra civil y jamás pude saber por qué mi abuela conservaba en aquel lugar las gafas de su marido. Parecía como si las tuviera allí dispuestas, esperando que Manuel viera lo que sucedía en su casa desde donde quiera que estuviera.
Carmen murió en el año 1988 y mi padre y yo fuimos al pueblo para encontrarnos con toda la familia. Al volver del cementerio, mis tíos prepararon una hoguera en el corral para quemar, como era costumbre, todo el ajuar del difunto con el fin de que el humo transportase la esencia de él hacía algún lugar del universo. Cuando mi tío vio las gafas que mi abuela usaba para coser dijo «no; las gafas no» y se las guardó en el bolsillo.
Este año volví a la casa en donde ahora viven mis tíos y sobre la vieja cómoda isabelina se hallaban las gafas de Manuel y junto a éstas, las de mi abuela Carmen.
Gaelia 2002
Publicado en El Pespunte el 03112019
https://www.elpespunte.es/desde-calle-viajes/
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