martes, 10 de junio de 2025

A SANGRE Y FUEGO

El libro A Sangre y Fuego lo compré en nuestro viaje a Barbastro en marzo de 2025. Paseábamos por la calle San Ramón y tropezamos con la Librería Moisés. Nos detuvimos a ver el bonito y amplio escaparate, bien dispuesto con obras de todo tipo, novela negra, obras para el público infantil, novela internacional, cuando vi el ejemplar de A Sangre y Fuego. Me sorprendió porque es una obra del año 1937 y nunca la vi anteriormente. Pensaba que estaba descatalogada y que posiblemente la encontraría en alguna librería de viejo. Entré, me gustó la edición y decidí comprarla, como recuerdo de aquel fin de semana por las tierras del Somontano aragonés. Pasado el tiempo, recordando esos días, llego a la conclusión que fueron dos días muy bonitos, de mucha conexión personal con ella. El libro y el excepcional vino del Somontano, quedan como recuerdo de esos momentos.  Este ejemplar es una edición de la Editorial Renacimiento de Sevilla, de 2025.El librero me comentó que hacía dos semanas que había salido a la luz. El prólogo es de Andrés Trapiello y alumbra la obra con un homenaje al autor y con una exploración y resumen de una guerra de infortunio. El contenido del libro está compuesto por once relatos, que vistos uno a uno, podría pensarse que se trata de una serie de obras de menor nivel literario, o básicamente, de entreteniento. Los relatos fueron editados en la prensa de la época y en revistas literarias, ilustradas con dibujos a tinta china. La Nación de Argentina o el Evening Standard británico, fueron periódicos, entre otros,  que publicaron sus obras. Sin embargo, recopiladas en una único volumen como es el caso, otorgan a la obra una solidez literaria fuera de toda duda. Me atraparon enseguida cada una de las historias, siendo el relato Bigornia, el que más me ha gustado por la potencia verbal y el impacto de las imágenes que se crean en la memoria del lector. Creo que Bigornia puede ser, a partir de ahora, un nombre que utilice en las ocasiones que precise para designar cualquier elemento que se preste. Las historias son, por orden de aparcición en esta edicición: 

  • Y a lo lejos, una lucecita. 
  • La gesta de los caballistas. 
  • La columna de hierro. 
  • Bigornia. 
  • ¡¡Masacre!!. ¡¡Masacre!!. 
  • El Tesoro de Briesca. 
  • Los soldados marroquíes. 
  • ¡Viva la muerte!. 
  • Consejo Obrero. 
  • El refugio. 
  • Hospital de sangre.

Los relatos ofrecen un anecdotario de sucesos ocurridos durante los años en el que España se vio envuelta en una guerra fatricida. El autor no se decanta por dar apoyo a uno u otro bando, pues como es sabido, Manuel Chaves Nogales fue un hombre perseguido por los dos contendientes. Tuvo que exiliarse en París a finales de 1936 y ya no volvió a pisar suelo español, pues murió en el Reino Unido en 1944. Las historias son potentes y, también, entrañables.

Para siempre quedará en mi biblioteca personal. Para siempre Manuel Chaves Nogales.

Juan.
Junio de 2025. Sant Feliu de Llobregat.









domingo, 27 de noviembre de 2022

PURO DESESORDEN



Hace días, decidí ordenar mi biblioteca. Han aparecido viejos tomos que tenía olvidados o que creía perdidos, viejas fotografías, billetes de dólar, pesos de la Cuba del periodo especial, diplomas... He encontrado una obra que pensé perdida: El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, el escritor que me dio a conocer el realismo mágico que inundó la literatura hispanoamericana en los setenta. Todo tenía que acabar en una tarde y así llevo dos semanas, intercambiando libros de lugar a medida que voy avanzando. No sé cuál es el final de esta aventura en la que me embarqué sin saber dónde me metía. El capricho del destino querrá que, dentro de unos meses, los libros estén revueltos y no pueda encontrar lo que busco. Como todo en mi vida, volverá a ser puro desorden.


Juan Zamora Bermudo. Sant Feliu de Llobregat (Barcelona)

Foto: wiki commons images

https://elpais.com/opinion/2022-08-05/en-otono-vienen-curvas.html

AUNQUE YO NO LO ENTIENDA

 


Me cuenta Gaelia que el mundo corre sin un final aparente.  Visitar un lugar en el que había estado hacía tiempo, es la prueba de que su planeta se va apagando y a la vez transformando. Me dice que es como cuando pruebas el mejor plato que hacía tu madre, en un lugar raro.  “La receta es la misma, pero extrañas lo que solamente se siente”. El mundo avanza y no sabemos si seremos capaces aguantar durante mucho tiempo el ritmo que nos marca. Gaelia me cuenta que tiene una vida secreta, cuando cierra su puerta. Aunque yo no lo entienda.

La mesita de noche es parte de nuestra vida secreta. ¿Quién no guarda lo más preciado en su dormitorio? El libro de cabecera, la cartera, quizás las llaves, ropa interior, pequeñas joyas, algún reloj, el móvil, tal vez una nota furtiva de alguien a quien conoces, en un sobre sin remite, y quizás, lo que regalamos a lo que no recordamos. Dicen que el dormitorio es la esencia más íntima y donde encontramos calma ante la desesperanza. También dicen que cuando se pierde la esperanza, se gana la libertad. Quién sabe.

Ahora que ha llegado el fresco, Gaelia se despierta de madrugada para ver cómo amanece. Acostada y tapada, el día aparece en su ventana, sin apenas darse cuenta. Es ése el mejor momento porque a esa hora el orbe se despereza y es capaz de correr agarrada de su mano. El tiempo se para para que pueda pensar en qué jersey se pondrá para que combine con un pantalón verde oscuro, qué zapatos le irán mejor, a qué hora saldrá de casa para llegar al trabajo sin retraso, de qué hablará con sus compañeros, qué avería de tren le tocará sufrir y si volverá sin ningún rasguño. Gaelia dice que el mundo se le escapa cuando cierra su puerta; que tiene que inventar el universo que quiere vivir para seguir en la batalla. Aunque yo no lo entienda.

 

 © Juan Zamora Bermudo

Imagen: Pixinio


https://www.elpespunte.es/aunque-yo-no-lo-entienda/

domingo, 30 de enero de 2022

DESDE MI CALLE – DESORDEN

Hace días decidí ordenar mi biblioteca.  No es que sea una gran biblioteca, son estanterías ancladas a una pared, que forman un entramado de cuadrados, como si fueran una tabla de Excel a tamaño real. Me propuse dar a ese revuelto de libros y documentos algún sentido formal, algo que me ayudara a entender qué hacen ahí. Como pasa con las fotos de nuestras vidas, al ver las tapas, los autores, las hojas descoloridas o amarillentas, se iba  el tiempo deseando recordar cuándo, dónde o con quién llegó el libro a mis manos. El tiempo que dedicaba a cada obra y a pensar dónde debía ir, era más del me había propuesto. Cada uno es un pedazo de vida atrapado por un tiempo que ya no volverá; un tiempo que habita en el recóndito sótano de los recuerdos olvidados. Intenté agruparlos por autor y temática y fui apilándolos en las estanterías, empezando por la izquierda y dejando las centrales para aquellas obras que más me han marcado. Fui colocando libros e iban apareciendo otros que deberían formar parte del grupo y que, a su vez, sacaban alguno de ellos y los expulsaba a otro. Reí pensando que quien inventó el juego del Tetris lo hizo al intentar ordenar la biblioteca familiar. Mientras avanzaba, cambié el criterio de clasificación en varias ocasiones porque parecía que tenían vida y ellos eran quienes decidían los compañeros que debían ir a cada lado de sus tapas. Todos tenemos nuestras ilusiones juveniles y en mi caso, una de ellas era tener una biblioteca con una colección de obras compradas sin mucho orden ni criterio. Hecha a fuerza de satisfacer la curiosidad por el mundo en el que vivo porque como le oí decir a Luis Eduardo Aute, la curiosidad es la hija indómita de la ignorancia. Qué grande es la ignorancia que te anima a curiosear y a querer conocer.

Han aparecido viejos tomos que tenía olvidados o que había dado por perdidos, viejas fotografías escondidas entre páginas, billetes de dólar, diez pesos de la Cuba del periodo especial, diplomas de medio pelo y cosas así.  He encontrado una obra que pensé perdida:  El Siglo de las luces, de Alejo Carpentier. El escritor cubano que me dio a conocer el realismo mágico que inundó la literatura hispanoamericana allá por los 70. También el poemario de Poeta en Nueva York de Federico, que compré cuando estaba en el servicio militar. ¿Cómo pude haber perdido a Juan Marsé, Rafael Alberti, Ruíz Zafón, Cobos Wilkins o Juancho Armas Marcelo?. Ya los he recatado del limbo de una biblioteca caótica, con el firme propósito de no perderlos de vista nunca más.

Todo tenía que acabar en una tarde y así llevo dos semanas, intercambiando libros de lugar a medida que voy avanzando. No sé cuál es el final de  esta aventura en la que me embarqué sin saber dónde me metía. El capricho del destino querrá que dentro de unos meses, los libros estén revueltos y no pueda encontrar lo que busco. Como todo en mi vida, volverá a ser puro desorden.

 

© Juan Zamora Bermudo

Foto: wiki commons images





SUEÑOS DE UNA NOCHE DE SAN JUAN

Me he levantado leyendo la columna de D. Manuel Vicent que publica hoy EL PAIS . ( https://elpais.com/opinion/2025-06-22/noche-de-san-juan-...