domingo, 28 de febrero de 2021

Desde mi calle – El medio y el fin

 A veces Gaelia me ha preguntado cuál es el mecanismo por el que algunas personas ven el dinero como un fin y no como un medio. Yo, la verdad, nunca he sabido qué responder porque para mí el dinero no tiene valor en sí mismo, sino que es una herramienta que nos hemos dado los seres humanos para ser correspondidos por nuestro trabajo, por nuestra inteligencia o por nuestras inversiones. El dinero es la mercancía que sirve para conseguir aquello que nos es necesario, o simplemente queremos. Una vivienda segura, calzado, ropa, libros o experiencias a cambio de una cantidad determinada de monedas, ya sea en papel, en metal o electrónicas. Hay personas que padecieron carencias básicas en su infancia y el único objetivo que tienen en su vejez es acumular riqueza por el mero hecho de tenerlas. No tienen ninguna utilidad práctica ni previsible. Llegados a los ochenta años, la madre de Gaelia solamente acumula fondos en sus cuentas bancarias y presume de sus viviendas y fincas. Su vida se ha convertido en un amasijo de reproches y en cúmulo de dinero en una bañera de oro. Vivir en una democracia de baja calidad, como dijo alguien recientemente, quizás tenga que ver con que haya gente que no conozca el verdadero propósito del dinero. Quizás el hecho de tener exiliados como los viejos exiliados republicanos (según el mismo alguien) tenga que ver con que el mecanismo que se activa o no para saber descifrar la realidad que nos rodea, esté averiado.

La realidad que retrató Goya en sus pinturas de la época negra, fue premonitoria para siglos posteriores. Parece que la humanidad no aprende de lo vivido y que las generaciones de hoy siguen cometiendo errores que ya fueron cometidos por sus padres o abuelos. Ahora vemos a chicos incendiando las calles de medio país, vestidos con sudaderas de marca y organizando la quema a través de móviles de última tecnología. Quizás esos que protestan porque les ha tocado vivir en una democracia de baja calidad, no sepan que a casi nadie le han regalado nada. Que la democracia es imperfecta por naturaleza y que en su viaje a Itaca no llegarán jamás a su destino. Eso sí, casi todos han estado en lugares donde los de mi generación jamás supimos que se podía llegar como turista. Nos han demostrado muchos de ellos que son más de entrar a robar ropa de marca que de participar en una huelga obrera. Hoy día, si vivieran Luís García Berlanga o Fernando Fernán Gómez, se frotarían las manos ante tanto disparate nacional. Los guiones los crearían a capazos, solamente viendo el esperpento que hoy nos regala la realidad. La realidad de hoy busca el ascensor que necesitamos todos alguna vez. En mis tiempos llamábamos al pulsador de la planta baja para subir al cuarto. Ahora en vez de pulsar, se quema directamente porque parece que nunca viene al vestíbulo de la vida.

Si algún día llego a viejo y mis amigos observan que me vuelvo un poco avaro, están autorizados a darme un golpe en la cabeza. Esperaré a ver si el mecanismo de la realidad se activa y sigo pensando que el dinero es el medio que nos puede ayudar a vivir mejor.

¡Salud y Letras!

© Juan Zamora Bermudo

¡Salud y Letras!

Volver a casa

Subir de nuevo a la habitación  era lo que quería hacer, cuando una ráfaga de viento le llevó al lugar de donde salió hacía varias décadas. Partió hacia ninguna parte, a donde solamente la necesidad y el hambre llevan a quienes no pueden despojarse de ella. Alcanzó el desarraigo, los días de fábrica y las noches de invierno; conoció la felicidad de sentirse triste. Pintó su vida con paisajes de gris perla, de solares cochambrosos y calles sin asfaltar. Se fue del mundo hacía días y desde aquí arriba vi cómo una ráfaga de viento llevó su esencia hasta el lugar de donde salió hacía varias décadas.

© Gaelia 2016

Publicado en El Pespunte el día de Andalucía de 2021

https://www.elpespunte.es/desde-mi-calle-el-medio-y-el-fin/


viernes, 15 de enero de 2021

DESDE MI CALLE - EMPACHO

Lo primero que me dijo Gaelia cuando la vi en este enero, es que estaba empachada. Me pareció curioso que usara esa palabra un poco caduca y le pregunté de dónde la había sacado. La he oído estos días, me respondió. El periodista Iñaki Gabilondo ha dejado su columna de opinión diaria en la Cadena Ser, porque está empachado. Y es que es así como nos sentimos muchos. Gaelia está harta de que andemos todo el día tirándonos los trastos a la cabeza, mientras no miramos lo que hacemos. Me dice que si le tiran de la lengua, dará positivo en Covid-19. Harta de que el frío haya sacado a relucir otra batalla perdida para los del pueblo o los del barrio. En los bloques de pisos o en las casas bajas, los que andan en bata de guatiné o se arriman a la estufa de butano, lo último que quieren es que los que deben organizar la intendencia de la guerra, anden a garrotazo limpio. Siempre hay quienes se desahogan y culpan de todos sus males a los de arriba, pero para culpar a alguien de nuestra desgracia, primero deberíamos ser consecuentes. Si queremos que la nieve no interrumpa nuestra marcha, a la vez que reclamamos que pase la máquina por la autovía, deberíamos llevar un juego de cadenas en nuestro coche y saber cómo ponerlas. Gaelia creció en un mundo donde se reivindicaban mejoras en los barrios, en los pueblos y donde antes había un descampado, hoy hay un ambulatorio o un parque. En aquellos años, de igual manera que se reclamaba el asfalto para la calle, se estaba dispuesto a echar el alquitrán el sábado después de salir de la fábrica o de la obra. Hay muchos ejemplos de extrarradios y pueblos que han sido construidos por los ciudadanos que los han habitado. Ahora el ayuntamiento nos da una pala para quitar la nieve de la calle y nos indignamos. El  contagio del virus se ha disparado y nos apresuramos a maldecir al gobierno de turno pero no nos acordamos de las fiestas raves, bailes en la Puerta del Sol de Madrid, botellonas y celebraciones particulares que se han prodigado por cualquier rincón de nuestro país. Gaelia se ha empachado y casi se arrepiente de creer en el ser humano tanto como lo había hecho hasta ahora. Yo, para que pueda digerir tanto empacho, le he regalado un libro de Javier Pérez Andújar. Seguro que si lo lee,  al final todo le dará igual.

¡Salud y letras!

 

© Juan Zamora Bermudo

 


domingo, 27 de diciembre de 2020

DESDE MI CALLE - DE CORONAVIRUS Y OTROS ALLEGADOS.

La dieta del ayuno intermitente está de moda en este año que acaba. Gaelia la empezó a finales del verano para depurar su cuerpo y me ha dicho que los resultados empiezan a inquietarle. Se siente más fuerte, con más energía pero que tiene pavor a enfrentarse a tantas horas en blanco, sin nada que comer. Es el precio que hay que pagar para mejorar los niveles de colesterol, de glucosa en sangre y equilibrar la tensión arterial.

La Navidad se nos presenta como el  ayuno de Gaelia, con dilemas sobre si podremos estar con nuestros familiares más cercanos, con nuestros parientes y allegados. Y es que ahora nos preocupa saber qué es un allegado, más que todo lo que nos ha acarreado la enfermedad. Los miles de muertos y muertas que nos está dejando es lo de menos; lo preocupante ahora es saber qué es un allegado. Sobre la palabra han corrido ríos de tinta y cientos de horas de radio, cuando cualquier persona cabal sabe lo que es amiga, novio, allegado, compadre, pariente, simplemente conocido y demás sinónimos que puede tener una relación personal que no está ligada a la consanguinidad. Si uno invita a alguien en la cena de Nochebuena es porque o es familiar o es un allegado en todas las acepciones posible. Si alguien se desplaza a casa de su amigo a celebrarla, lo hace porque su relación y afinidad es grande. Lo demás creo que es hacer hervir la olla para llenar horas de televisión, de radio y hojas de prensa pues no tienen otra cosa de la que hablar. ¿No os pasa que a veces veis una noticia estirada como un elástico, sin motivo aparente?.

Para 2021 mis deseos van a ser más bien modestos. Hay muchos gurús que dicen que la pandemia ha sido un aviso más de la naturaleza ante la acción devastadora del hombre en el planeta. Esto me ha hecho recordar aquél viejo cuento de W.W. Jacobs que leí cuando era más joven, que hablaba del poder mágico de una pata de mono disecada, a la que le podías pedir un deseo pero que si te era concedido lo era a costa de alguna desgracia. La familia que pidió el deseo de poseer doscientas libras, las obtuvo pero fue como indemnización por la muerte de su hijo. Terrible moraleja, como terrible está siendo principio de siglo. Prometo no pedir gran cosa cuando tome las uvas, no sea que tenga que pagar un precio excesivo por mi codicia; aunque quién sabe si habré empezado la dieta del ayuno y ni siquiera pruebe las uvas.

Cuídense amigos. Cuidaos los míos, no quiero que el virus se nos cuele en casa como un allegado más.

Salud y letras para 2021.

© Juan Zamora Bermudo

Twitter: @ursozamora

 

En el reino de Midas

Mientras chirrían tus arrugadas costuras de bronce, me vienen recuerdos de cuando apenas había pequeños surcos. Te veo acostada, y a veces recuerdo  tu cuerpo esbelto, tu piel de seda y tu pelo azabache. Y es que cuando perdemos juventud, ganamos vivencias. Cuando nos falla la memoria, es hora de escapar y vivir el presente. Cuando tu cuerpo no puede, tu experiencia sustituye los resortes instantáneos de antaño. Antes nuestros cuerpos eran motores de explosión y ahora son de hidrógeno y de terciopelo. Porque cuando mi cuerpo no puede, siempre estás tú que sabe cómo deshacer las arrugas de plomo y convertirlas en oro.



https://www.elpespunte.es/desde-mi-calle-de-coronavirus-y-otros-allegados/

miércoles, 11 de noviembre de 2020

DESDE MI CALLE – LA VIDA EN BOLSAS

Hacía semanas que no tenía noticias de Gaelia. La había buscado por los locales y lugares donde solíamos vernos. En los bares de su barrio nadie sabía de ella y no eran capaces de darme información.

Llegué por la mañana temprano al mercado de La Boquería para comprar pescado. Di una vuelta para ver el género y ví a Gaelia en el bar del mercado, sentada en un taburete tomando un café con leche. Se alegró de verme, aunque noté en ella un aire de tristeza. Enseguida pensé que la pandemia se había cebado con ella o con alguien de su familia.

No, Juan. La pandemia está respetando a los míos, pero me he visto en una de las peores experiencias de mi vida. He tenido que vaciar el piso donde vivieron mis padres durante cincuenta años de su vida. Ya sabes que mi madre nos dejó hace tres años y ha sido ahora que he reunido fuerzas para sacar sus muebles, su ajuar y todos los recuerdos que allí había. He revivido cada blusa, cada fotografía, cada jarra de cristal, cada documento que representaba una compra, cada carta de la familia que guardaban perfectamente clasificada en carpetas, cada recibo, cada libro, la luz del piso y el olor a familia. Después de pasarme tres días enteros encerrada en donde pasé mi infancia, la vida de mis padres me ha cabido en dos bolsas de basura llena de cosas de las que no he podido desligarme. Tiré a la basura aquello que no representaba más que un paso burocrático por este mundo y conservé lo que para mí representaba lo que quería conservar de ellos. Ahora las bolsas las tengo guardadas en un trastero y no sé cuándo podré abrirlas para recordar lo que quise conservar. No soy capaz de volver a enfrentarme a la experiencia de ver lo que he decidido guardar. Quizás cuando acabe la pandemia y todo vuelva a estar seguro, vuelva a dar vida a la muerte.

Entiendo que Gaelia no haya querido llamarme y haya huido del mundo por unas semanas. No sé qué haré yo cuando me llegue el momento de decidir lo que vale y lo que no vale de unas vidas que ya no están o que están a punto de dejarnos. Mi padre me contó que cuando falleció su madre, su hermano hizo una pira en el corral de la casa del pueblo y prendió fuego a lo que ya no debería permanecer en este mundo. El fuego purificador es el que devuelve la esencia de la persona al mundo. Quizás algún día le cuente a Gaelia lo que se hacía antiguamente con los ajuares de los difuntos. Nadie nos ha dado una receta con un tratamiento que te alivie en esos momentos tan especiales, aunque estaría bien que alguien lo pusiera en algún manual de psicología, para evitar que nuestras vidas quepan en bolsas.

¡Salud y letras!


https://www.elpespunte.es/desde-mi-calle-la-vida-en-bolsas/


www.freepick.com

SUEÑOS DE UNA NOCHE DE SAN JUAN

Me he levantado leyendo la columna de D. Manuel Vicent que publica hoy EL PAIS . ( https://elpais.com/opinion/2025-06-22/noche-de-san-juan-...