Una
ayuda por favor. Apenas le miro a la cara a la mujer de aspecto
desaliñado que ocupa la entrada a los ferrocarriles en la estación de
Muntaner. Hacía años que nos llegaba a esa parte de la ciudad y pensaba
que en un lugar de tanto postín, podría encontrar a quienes arrastran su
dolor a cara descubierta. Esa escena es más habitual en las paradas de
extrarradio, Santa Eulalia, Torrassa, La Florida. Hace tiempo que dejé
de ayudar a quienes se apostan al pie de cualquier escalera, porque
pensaba que en la Barcelona de más allá del 92 esa situación era propia
de tribus con pocas ganas de hincar el lomo. El vagón me ha llevado sin
saber muy bien para qué hasta el lado limpio de la Barcelona de 2015 y
creo que hemos perdido cuatro años y una generación en el tiempo que ha
pasado desde que fuimos a votar para elegir a nuestro alcalde en 2011.
Mis hijos han superado sus cuatro cursos, pero la clase política que nos
gobierna en cualquier institución más bien tiene un suspenso de padre y
muy señor mío. La ciudad está preparada para iniciar una nueva etapa
histórica, porque la sociedad ha renacido como la crisálida, nueva y
distinta. Viejas fórmulas que nos hacen retroceder hasta etapas
superadas, con escenas como la que he comentado al inicio. La nueva
sociedad en donde mis hijos empiezan a decidir, está deseando superar
esta época con trabajo, nuevas ideas, nuevas soluciones, transparencia y
superación de los viejos esquemas. Barcelona tiene el aspecto de una
mujer desaliñada que pide una moneda para intentar salir adelante.
Vuelvo al metro y veo que todo es igual, que apenas ha cambiado desde
que era niña.
Gaelia
gaeliadeideas@gmail.com
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