Las redes sociales nos han traído
la posibilidad de contactar con aquellas personas que durante algún momento de
nuestra vida, han formado parte de la misma. Amigos y amigas que la vida puso
en nuestro camino y que después nos ha ido arrebatando por el devenir del
tiempo y de nuestras realidades. El tiempo que hemos pasado en la escuela, es
sin duda un periodo que tiene una influencia enorme en nuestra vida y las
personas con las que convivimos allí y en especial con aquellas con las que
compartimos juegos, risas y travesuras, quedan para siempre en nuestra mente y,
en algunos casos, en nuestros corazones. Confieso que mi identidad personal, está
muy unida a quienes compartieron conmigo los primeros años de mi vida.
Tengo la suerte de poder decir
que mantengo una relación estupenda, con
algunos de aquellos chavales y chavalas que en el Hospitalet de los años 70 formamos un grupo de amigos
de dentro y de fuera del colegio. Cuando
nos vemos, volvemos a aquellos momentos donde reinaba la inocencia, la risa y
las ganas de jugar, aunque ya rocemos todos los 50 años. A algunos la
vida les ha ido mejor a otros peor; aunque a todos nos cuesta un gran esfuerzo salir adelante. No
hacemos gala de vanidad y nuestra situación personal o económica no nos aleja,
ni nos priva, de una amistad desinteresada y del todo sincera. Creo que la amistad trata de eso, de mostrarse
conectado a algún momento de nuestras vidas a través de las personas que han formado parte de ella y de poder
compartir nuestro camino, sin esperar nada a cambio, nada más que pasar un
buen rato de vez en cuando, recordando lo bueno y lo malo del pasado y hacer
planes para que esa amistad perdure en el tiempo.
Todavía hay algunos de nosotros
que no se atreve a venir, tal vez por aquello de que los reencuentros en ocasiones
son un tanto traumáticos. Han aparecido las primeras arrugas, hemos ido
perdiendo la belleza de la primera juventud y a veces eso es difícil de digerir. Sin embargo, esas
cuestiones han servido para reírnos todavía
más de nosotros, tal como lo hacíamos cuando éramos niños.
Las cenas organizadas entorno al
Whatssap o al Facebook han sido
insuperables y espero que no acaben
mientras nos quede un soplo de ganas de vivir.

Muy común estos encuentros entre compañeros de colegio y más frecuentes deberían ser, para evitar la violencia del impacto visual... El alma se reconoce con mayor fluidéz!
ResponderEliminarGracias por tu comentario Miriam. He disfrutado mucho esos momentos de reencuentro con viejos amigos.
EliminarComo dices buenos y malos recuerdos ... Los amig@s son los testigos en este
ResponderEliminarfugas viaje , en esta dimensión ... Buena
suerte...