domingo, 22 de junio de 2025

SUEÑOS DE UNA NOCHE DE SAN JUAN

Me he levantado leyendo la columna de D. Manuel Vicent que publica hoy EL PAIS . (https://elpais.com/opinion/2025-06-22/noche-de-san-juan-2025.html). He cerrado los ojos, y me he mecido en el Mediterráneo. La lectura me ha llevado a un momento de felicidad sublime. La genialidad del autor es el punto en el cosmos que todos queremos alcanzar.

Diría que el autor conoce muy bien a este chaval que describe con tanta belleza. Me pregunto con frecuencia si todavía conservo aquellos sueños que tenía cuando vivía la noche de San Juan rodeado de amigos, escuchando la orquesta en el barrio que me vió crecer, en aquél Hospitalet de los 80. Pasados los años y con el cuerpo en fase de decrepitud, creo que conseguí que muchos de los sueños que tenía con mis 17 años, no todos, se hicieran realidad. Cierto es que la vida y algunos mal nacidos van modelando tu actitud ante la realidad y que ese chaval que quiere comerse el mundo, acabe pensando que descubrir tus cartas solamente sirve para que haya patanes envidiosos que se te lancen a degüello, abusando de su posisición de poder. Hoy, mi único anhelo consiste en resistir rodeado de los míos y poner la cara para que ellos puedan seguir su camino y cumplir sus sueños.











jueves, 19 de junio de 2025

LA HORA DEL PLANETA

Cuando Gaelia era niña no existía la Hora del Planeta. Me habló hace tiempo de que en su clase de EGB, su profesor D. Germán les hablaba de que el ser humano podía influir en el clima. A mediados de los setenta, ya había corrientes de opinión que entendían que la actividad humana podía poner en peligro la vida en el planeta. Hoy se sabe que aquello que vislumbraban unos cuantos, era cierto. La Hora del Planeta es una llamada a las conciencias para que, en la medida de nuestras posibilidades, cuidemos nuestro entorno y reduzcamos nuestra huella de carbono en el pasar por este valle de lágrimas. En aquellas ciudades y pueblos de SEAT 127 no había tiempo para pensar en el cambio climático. Todas las energías iban destinadas a llegar a fin de mes, a pagar las letras de los muebles o a ahorrar para tan soñada televisión en color. Los pobres no pueden enfrascarse en cosas como el clima, ni nada que se le parezca. Usan el transporte público porque no tienen otra alternativa, porque llegar a la gran ciudad en tiempos de pandemia es como una procesión de Semana Santa, con sus pasos, sus costaleros, sus plañideras y su incienso salido de las alcantarillas.. Estamos en una época en donde llevamos un año celebrando la Pascua. Estamos en plena penitencia por los desmanes que algunos cometieron y que todos pagamos. Lo único que cambiará en esta semana que entra, es que comeremos las torrijas tal como las hacía la abuela Carmen o el arroz con leche del Viernes Santo,  tan del Sur. Es como Gaelia recuerda su Semana Santa de suburbio, con saetas en la radio, procesiones en blanco y negro, rodeada de bloques de viviendas, de calles con torres de alta tensión y un plato de arroz con leche.

Dicen los expertos que, para cuidar el planeta, podemos hacer algunas cosas aparentemente insignificantes. Desde reducir el uso de la secadora, a usar una botella térmica para trasportar el agua, en vez de comprarla embotellada. Yo añadiría a estos consejos, comprar menos en los supermercados y más en las tiendas tradicionales y en plazas de abastos, para evitar llevar a casa productos insanos llenos de cartones y plásticos. Comentan algunos prestigiosos nutricionistas que comer comida, en vez de productos, nos ayuda a estar más sanos y, digo yo, reduce nuestra huella de carbono en el planeta al consumir alimentos de producción local. La bicicleta que tanta aceptación tiene en las grandes ciudades, fue considerada en su momento como un elemento de transporte para pobres. El primer recuerdo que tengo de Sevilla es el de una ciudad tomada por un aluvión de bicicletas. Apenas tenía 6 años y aquello se me quedó grabado porque cuando contaba a mis amigos que en Sevilla había muchas bicicletas, algunos me decían que eso era propio de lugares pobres, que lo mejor eran las ciudades llenas de coches y motos. Si no me falla la memoria, aquello ocurrió en el año 73 y hoy, la bicicleta, se ha convertido en un elemento de uso en lugares desarrollados y que los combustibles fósiles lo emplean sin control en países en vías de desarrollo.

Espero que La Hora del Planeta sea la antesala de la última Semana Santa sin Semana Santa y que la tradición cultural esté siempre unida a la conciencia por cuidar lo que más queremos. Disfruten de las pequeñas cosas que nos regala la vida porque por lo demás, todo saldrá bien.



© Juan Zamora Bermudo




 Foto: Pixabay


 

 

 


EN LA FASE DE SALIDA

Nos pilló con el paso cambiado. Quién sabe si a consecuencia de la información o tal vez por la falta de ella, de lo que pasaba en la ciudad de Wuham. En Europa no estamos acostumbrados a que una plaga de langostas o una epidemia mortífera que corre de bar en bar o de mercadillo en mercadillo, se quede en nuestro país. Los primeros datos de que esto era grave, los proporcionó el Dr. Pedro Cavadas, padre de dos niñas de origen chino. Él supo ver de inmediato que si China construía hospitales donde antes había descampados y lo hacía en un tiempo record, el tema no era baladí. Aquí no nos creíamos demasiado, yo el primero, que esto iba a suponer el confinamiento de la sociedad en sus casas, el parón económico, la cantidad de infectados que tenemos y los fallecidos por el COVID-19.


No voy a entrar en si gestión que ha hecho el Gobierno Central y los distintos Gobiernos Autonómicos, es la más adecuada a cada momento que hemos atravesado. Supongo que habrá opiniones de todo tipo, según lo hayamos pasado. Habrá tiempo para que los ciudadanos sepamos pedir cuentas y los políticos rendirlas, cuando haya finalizado el Estado de Alarma y la situación se haya normalizado mínimamente. Yo no me atrevo a juzgar la gigantesca labor que todos los responsables políticos y sanitarios están llevando a cabo. Es una situación insólita para nuestro país que requiere mucha inteligencia y poca pasión, porque la pasión, en estos casos, suele ser la antesala del desastre. Lo único que podemos hacer los ciudadanos responsables, es seguir disciplinadamente las recomendaciones de las autoridades sanitarias, sin cuestionar un ápice las mismas. Ellos cuentan con ingente información, son personas preparadas y toman las decisiones más oportunas en cada momento. Tenemos derechos a conocer los motivos por los que se toman dichas decisiones, pero creo que es importante que las sigamos, aunque no nos gusten. Los resultados que se están cosechando son más que esperanzadores, con lo que debo pensar que sus decisiones y nuestra conducta son las correctas. No me olvido de quienes parecen vivir en una realidad paralela y hacen de su capa un sayo. Parece que la pandemia no va con ellos y por conductas inapropiadas, todos nos podemos ver abocados a una vuelta al confinamiento.


Desde aquí quiero rendir un humilde homenaje a todos aquellos que han sufrido la pérdida de algún familiar, a todos los que siguen todavía luchando contra el virus y a todos los que con su trabajo hacen posible que nuestra sociedad siga funcionando. Ojalá que estas semanas tan angustiosas, nos sirvan para que nuestra sociedad sea un poco mejor. Conociendo el carácter de nuestra España, me da la impresió que mi deseo no se verá cumplido. Porque como decía el viejo refrán castellano, la cabra tira al monte.


Os dejo un pequeño relato de mi amiga Gaelia, que ha escrito en estos días de Coronavirus.




ESPERANDO LA RUTINA


La propia de los buenos espantapájaros, horizontal siete. Cuarzo duro con franjas, horizontal trece. De mente aguda, vertical dos. Pieza para unir tubos, vertical cinco. Estas cuatro palabras me quedan para finalizar el crucigrama de ayer y busco entre mis libros las posibles respuestas. No pienso mirar la solución al final del periódico como hago casi siempre. Esta vez no. Estos días tengo tiempo para quemarme los sesos y para seguir escuchando el “te echo de menos” de Kiko Veneno.

© Gaelia 2020 “en tiempos de coronavirus”




domingo, 15 de junio de 2025

POLITICOS Y CORRUPCIONES

Ser corrupto y de izquierdas es tener un pié y medio en Soto del Real. El político de izquierdas corrupto es cutre; lleva un tren de vida inexplicable e incumple todas las reglas de la corrupción. Nada de discrección, nada de humildad, nada de sencillez. El político de izquierdas y corrupto, es como un pavo en Navidad, ha engordado por buenos banquetes, pero a punto de caer en manos del carnicero. Sin embargo, el político de derechas y corrupto, es todo lo contrario. Sabe manejarse entre las redes tejidas durante generaciones; conserva el nivel de vida que ya tenía desde que era un niño y su gusto por lo caro, generalmente, está más que satisfecho. Es un experto en disimular sin parecerlo. Tanto unos como otros, deben ser tratados con dureza por nuestro sistema para evitar que otros intenten seguir sus pasos. Por último, no me olvido de esos mal llamados "empresarios". Son tan cutres y pendencieros como el resto de personajes que conforman estas mafias. Hay que sacarlos de la circulación para limpiar el buen nombre de quienes levantan cada día la persiana de sus negocios, con honradez y con trabajo duro. Que las mordidas solo les den para ver, por enésima vez, Los Bingueros. Esta vez desde Soto del Real



martes, 10 de junio de 2025

A SANGRE Y FUEGO

El libro A Sangre y Fuego lo compré en nuestro viaje a Barbastro en marzo de 2025. Paseábamos por la calle San Ramón y tropezamos con la Librería Moisés. Nos detuvimos a ver el bonito y amplio escaparate, bien dispuesto con obras de todo tipo, novela negra, obras para el público infantil, novela internacional, cuando vi el ejemplar de A Sangre y Fuego. Me sorprendió porque es una obra del año 1937 y nunca la vi anteriormente. Pensaba que estaba descatalogada y que posiblemente la encontraría en alguna librería de viejo. Entré, me gustó la edición y decidí comprarla, como recuerdo de aquel fin de semana por las tierras del Somontano aragonés. Pasado el tiempo, recordando esos días, llego a la conclusión que fueron dos días muy bonitos, de mucha conexión personal con ella. El libro y el excepcional vino del Somontano, quedan como recuerdo de esos momentos.  Este ejemplar es una edición de la Editorial Renacimiento de Sevilla, de 2025.El librero me comentó que hacía dos semanas que había salido a la luz. El prólogo es de Andrés Trapiello y alumbra la obra con un homenaje al autor y con una exploración y resumen de una guerra de infortunio. El contenido del libro está compuesto por once relatos, que vistos uno a uno, podría pensarse que se trata de una serie de obras de menor nivel literario, o básicamente, de entreteniento. Los relatos fueron editados en la prensa de la época y en revistas literarias, ilustradas con dibujos a tinta china. La Nación de Argentina o el Evening Standard británico, fueron periódicos, entre otros,  que publicaron sus obras. Sin embargo, recopiladas en una único volumen como es el caso, otorgan a la obra una solidez literaria fuera de toda duda. Me atraparon enseguida cada una de las historias, siendo el relato Bigornia, el que más me ha gustado por la potencia verbal y el impacto de las imágenes que se crean en la memoria del lector. Creo que Bigornia puede ser, a partir de ahora, un nombre que utilice en las ocasiones que precise para designar cualquier elemento que se preste. Las historias son, por orden de aparcición en esta edicición: 

  • Y a lo lejos, una lucecita. 
  • La gesta de los caballistas. 
  • La columna de hierro. 
  • Bigornia. 
  • ¡¡Masacre!!. ¡¡Masacre!!. 
  • El Tesoro de Briesca. 
  • Los soldados marroquíes. 
  • ¡Viva la muerte!. 
  • Consejo Obrero. 
  • El refugio. 
  • Hospital de sangre.

Los relatos ofrecen un anecdotario de sucesos ocurridos durante los años en el que España se vio envuelta en una guerra fatricida. El autor no se decanta por dar apoyo a uno u otro bando, pues como es sabido, Manuel Chaves Nogales fue un hombre perseguido por los dos contendientes. Tuvo que exiliarse en París a finales de 1936 y ya no volvió a pisar suelo español, pues murió en el Reino Unido en 1944. Las historias son potentes y, también, entrañables.

Para siempre quedará en mi biblioteca personal. Para siempre Manuel Chaves Nogales.

Juan.
Junio de 2025. Sant Feliu de Llobregat.









domingo, 27 de noviembre de 2022

PURO DESESORDEN



Hace días, decidí ordenar mi biblioteca. Han aparecido viejos tomos que tenía olvidados o que creía perdidos, viejas fotografías, billetes de dólar, pesos de la Cuba del periodo especial, diplomas... He encontrado una obra que pensé perdida: El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, el escritor que me dio a conocer el realismo mágico que inundó la literatura hispanoamericana en los setenta. Todo tenía que acabar en una tarde y así llevo dos semanas, intercambiando libros de lugar a medida que voy avanzando. No sé cuál es el final de esta aventura en la que me embarqué sin saber dónde me metía. El capricho del destino querrá que, dentro de unos meses, los libros estén revueltos y no pueda encontrar lo que busco. Como todo en mi vida, volverá a ser puro desorden.


Juan Zamora Bermudo. Sant Feliu de Llobregat (Barcelona)

Foto: wiki commons images

https://elpais.com/opinion/2022-08-05/en-otono-vienen-curvas.html

AUNQUE YO NO LO ENTIENDA

 


Me cuenta Gaelia que el mundo corre sin un final aparente.  Visitar un lugar en el que había estado hacía tiempo, es la prueba de que su planeta se va apagando y a la vez transformando. Me dice que es como cuando pruebas el mejor plato que hacía tu madre, en un lugar raro.  “La receta es la misma, pero extrañas lo que solamente se siente”. El mundo avanza y no sabemos si seremos capaces aguantar durante mucho tiempo el ritmo que nos marca. Gaelia me cuenta que tiene una vida secreta, cuando cierra su puerta. Aunque yo no lo entienda.

La mesita de noche es parte de nuestra vida secreta. ¿Quién no guarda lo más preciado en su dormitorio? El libro de cabecera, la cartera, quizás las llaves, ropa interior, pequeñas joyas, algún reloj, el móvil, tal vez una nota furtiva de alguien a quien conoces, en un sobre sin remite, y quizás, lo que regalamos a lo que no recordamos. Dicen que el dormitorio es la esencia más íntima y donde encontramos calma ante la desesperanza. También dicen que cuando se pierde la esperanza, se gana la libertad. Quién sabe.

Ahora que ha llegado el fresco, Gaelia se despierta de madrugada para ver cómo amanece. Acostada y tapada, el día aparece en su ventana, sin apenas darse cuenta. Es ése el mejor momento porque a esa hora el orbe se despereza y es capaz de correr agarrada de su mano. El tiempo se para para que pueda pensar en qué jersey se pondrá para que combine con un pantalón verde oscuro, qué zapatos le irán mejor, a qué hora saldrá de casa para llegar al trabajo sin retraso, de qué hablará con sus compañeros, qué avería de tren le tocará sufrir y si volverá sin ningún rasguño. Gaelia dice que el mundo se le escapa cuando cierra su puerta; que tiene que inventar el universo que quiere vivir para seguir en la batalla. Aunque yo no lo entienda.

 

 © Juan Zamora Bermudo

Imagen: Pixinio


https://www.elpespunte.es/aunque-yo-no-lo-entienda/

domingo, 30 de enero de 2022

DESDE MI CALLE – DESORDEN

Hace días decidí ordenar mi biblioteca.  No es que sea una gran biblioteca, son estanterías ancladas a una pared, que forman un entramado de cuadrados, como si fueran una tabla de Excel a tamaño real. Me propuse dar a ese revuelto de libros y documentos algún sentido formal, algo que me ayudara a entender qué hacen ahí. Como pasa con las fotos de nuestras vidas, al ver las tapas, los autores, las hojas descoloridas o amarillentas, se iba  el tiempo deseando recordar cuándo, dónde o con quién llegó el libro a mis manos. El tiempo que dedicaba a cada obra y a pensar dónde debía ir, era más del me había propuesto. Cada uno es un pedazo de vida atrapado por un tiempo que ya no volverá; un tiempo que habita en el recóndito sótano de los recuerdos olvidados. Intenté agruparlos por autor y temática y fui apilándolos en las estanterías, empezando por la izquierda y dejando las centrales para aquellas obras que más me han marcado. Fui colocando libros e iban apareciendo otros que deberían formar parte del grupo y que, a su vez, sacaban alguno de ellos y los expulsaba a otro. Reí pensando que quien inventó el juego del Tetris lo hizo al intentar ordenar la biblioteca familiar. Mientras avanzaba, cambié el criterio de clasificación en varias ocasiones porque parecía que tenían vida y ellos eran quienes decidían los compañeros que debían ir a cada lado de sus tapas. Todos tenemos nuestras ilusiones juveniles y en mi caso, una de ellas era tener una biblioteca con una colección de obras compradas sin mucho orden ni criterio. Hecha a fuerza de satisfacer la curiosidad por el mundo en el que vivo porque como le oí decir a Luis Eduardo Aute, la curiosidad es la hija indómita de la ignorancia. Qué grande es la ignorancia que te anima a curiosear y a querer conocer.

Han aparecido viejos tomos que tenía olvidados o que había dado por perdidos, viejas fotografías escondidas entre páginas, billetes de dólar, diez pesos de la Cuba del periodo especial, diplomas de medio pelo y cosas así.  He encontrado una obra que pensé perdida:  El Siglo de las luces, de Alejo Carpentier. El escritor cubano que me dio a conocer el realismo mágico que inundó la literatura hispanoamericana allá por los 70. También el poemario de Poeta en Nueva York de Federico, que compré cuando estaba en el servicio militar. ¿Cómo pude haber perdido a Juan Marsé, Rafael Alberti, Ruíz Zafón, Cobos Wilkins o Juancho Armas Marcelo?. Ya los he recatado del limbo de una biblioteca caótica, con el firme propósito de no perderlos de vista nunca más.

Todo tenía que acabar en una tarde y así llevo dos semanas, intercambiando libros de lugar a medida que voy avanzando. No sé cuál es el final de  esta aventura en la que me embarqué sin saber dónde me metía. El capricho del destino querrá que dentro de unos meses, los libros estén revueltos y no pueda encontrar lo que busco. Como todo en mi vida, volverá a ser puro desorden.

 

© Juan Zamora Bermudo

Foto: wiki commons images





domingo, 19 de septiembre de 2021

DESDE MI CALLE – REPÁPALOS Y LIBROS

Siempre me hizo gracia la palabra repápalos cuando la pronunciaba mi abuela Carmen. Sonaba entre exclamación e insulto. Era la palabra apropiada para algún mote popular. Confieso que no me gustan mucho las palabras que contienen una erre suave porque entrañan una dificultad añadida a la hora de pronunciarla para muchas personas. El otro día vi en Tierra de Sabores de Canal Sur, un programa dedicado a Osuna y su gastronomía local. Me hizo ilusión ver cómo ejecutaba una vecina de la ciudad, la receta local de repapalillas. Aquella vieja receta que mi abuela y mi madre nos hacían frecuentemente y que yo odiaba por su pronunciación y porque no la asociaba a nada que me llevara a algún lugar de mi recuerdo. No tenía edad para que me gustaran las repapalillas. Las encontraba como las novelas de a duro que vendían en los quioscos. Sin embargo ahora que forman parte de mi pasado, encuentro que son un manjar con el que viajar a los años de Lole y Manuel, de Juanito Valderrama, de Fosforito e incluso de Camarón. También he descubierto a algunos de los autores de las antiguas novelitas, en los libros bajo su nombre verdadero. Detrás de aquellos seudónimos de inspiración americana, se escondían plumas de mucho nivel como la de Francisco González Ledesma, conocido como Silver Kane. Cuando lean esta columna habrá pasado el mítico veintitrés de Abril. El día del libro o día de Sant Jordi en Barcelona, es uno de los días más hermosos de año. Acopio libros para unas cuantas semanas. Libros y rosas que fluyen por las calles y las plazas en plena efervescencia primaveral. Este año debemos evitar la bulla de nuevo, como el pasado. Gaelia está avisando en su grupo de Whatssap que ha organizado una fiesta literaria para el día 23 a partir de las cinco de la tarde. Habrá tertulias entorno a distintos autores y varios de ellos han confirmado su asistencia clandestina. Me dice que formarán todo el escándalo posible, a ver si tienen suerte y salen en las noticias de la noche. Yo esperaré paciente mientras me acabo un plato de repapalillas y me vienen a la memoria los temas del mítico disco de Lole y Manuel, Nuevo Día. Que Uds. lo hayan disfrutado. ¡Salud y Letras!

domingo, 28 de febrero de 2021

Desde mi calle – El medio y el fin

 A veces Gaelia me ha preguntado cuál es el mecanismo por el que algunas personas ven el dinero como un fin y no como un medio. Yo, la verdad, nunca he sabido qué responder porque para mí el dinero no tiene valor en sí mismo, sino que es una herramienta que nos hemos dado los seres humanos para ser correspondidos por nuestro trabajo, por nuestra inteligencia o por nuestras inversiones. El dinero es la mercancía que sirve para conseguir aquello que nos es necesario, o simplemente queremos. Una vivienda segura, calzado, ropa, libros o experiencias a cambio de una cantidad determinada de monedas, ya sea en papel, en metal o electrónicas. Hay personas que padecieron carencias básicas en su infancia y el único objetivo que tienen en su vejez es acumular riqueza por el mero hecho de tenerlas. No tienen ninguna utilidad práctica ni previsible. Llegados a los ochenta años, la madre de Gaelia solamente acumula fondos en sus cuentas bancarias y presume de sus viviendas y fincas. Su vida se ha convertido en un amasijo de reproches y en cúmulo de dinero en una bañera de oro. Vivir en una democracia de baja calidad, como dijo alguien recientemente, quizás tenga que ver con que haya gente que no conozca el verdadero propósito del dinero. Quizás el hecho de tener exiliados como los viejos exiliados republicanos (según el mismo alguien) tenga que ver con que el mecanismo que se activa o no para saber descifrar la realidad que nos rodea, esté averiado.

La realidad que retrató Goya en sus pinturas de la época negra, fue premonitoria para siglos posteriores. Parece que la humanidad no aprende de lo vivido y que las generaciones de hoy siguen cometiendo errores que ya fueron cometidos por sus padres o abuelos. Ahora vemos a chicos incendiando las calles de medio país, vestidos con sudaderas de marca y organizando la quema a través de móviles de última tecnología. Quizás esos que protestan porque les ha tocado vivir en una democracia de baja calidad, no sepan que a casi nadie le han regalado nada. Que la democracia es imperfecta por naturaleza y que en su viaje a Itaca no llegarán jamás a su destino. Eso sí, casi todos han estado en lugares donde los de mi generación jamás supimos que se podía llegar como turista. Nos han demostrado muchos de ellos que son más de entrar a robar ropa de marca que de participar en una huelga obrera. Hoy día, si vivieran Luís García Berlanga o Fernando Fernán Gómez, se frotarían las manos ante tanto disparate nacional. Los guiones los crearían a capazos, solamente viendo el esperpento que hoy nos regala la realidad. La realidad de hoy busca el ascensor que necesitamos todos alguna vez. En mis tiempos llamábamos al pulsador de la planta baja para subir al cuarto. Ahora en vez de pulsar, se quema directamente porque parece que nunca viene al vestíbulo de la vida.

Si algún día llego a viejo y mis amigos observan que me vuelvo un poco avaro, están autorizados a darme un golpe en la cabeza. Esperaré a ver si el mecanismo de la realidad se activa y sigo pensando que el dinero es el medio que nos puede ayudar a vivir mejor.

¡Salud y Letras!

© Juan Zamora Bermudo

¡Salud y Letras!

Volver a casa

Subir de nuevo a la habitación  era lo que quería hacer, cuando una ráfaga de viento le llevó al lugar de donde salió hacía varias décadas. Partió hacia ninguna parte, a donde solamente la necesidad y el hambre llevan a quienes no pueden despojarse de ella. Alcanzó el desarraigo, los días de fábrica y las noches de invierno; conoció la felicidad de sentirse triste. Pintó su vida con paisajes de gris perla, de solares cochambrosos y calles sin asfaltar. Se fue del mundo hacía días y desde aquí arriba vi cómo una ráfaga de viento llevó su esencia hasta el lugar de donde salió hacía varias décadas.

© Gaelia 2016

Publicado en El Pespunte el día de Andalucía de 2021

https://www.elpespunte.es/desde-mi-calle-el-medio-y-el-fin/


viernes, 15 de enero de 2021

DESDE MI CALLE - EMPACHO

Lo primero que me dijo Gaelia cuando la vi en este enero, es que estaba empachada. Me pareció curioso que usara esa palabra un poco caduca y le pregunté de dónde la había sacado. La he oído estos días, me respondió. El periodista Iñaki Gabilondo ha dejado su columna de opinión diaria en la Cadena Ser, porque está empachado. Y es que es así como nos sentimos muchos. Gaelia está harta de que andemos todo el día tirándonos los trastos a la cabeza, mientras no miramos lo que hacemos. Me dice que si le tiran de la lengua, dará positivo en Covid-19. Harta de que el frío haya sacado a relucir otra batalla perdida para los del pueblo o los del barrio. En los bloques de pisos o en las casas bajas, los que andan en bata de guatiné o se arriman a la estufa de butano, lo último que quieren es que los que deben organizar la intendencia de la guerra, anden a garrotazo limpio. Siempre hay quienes se desahogan y culpan de todos sus males a los de arriba, pero para culpar a alguien de nuestra desgracia, primero deberíamos ser consecuentes. Si queremos que la nieve no interrumpa nuestra marcha, a la vez que reclamamos que pase la máquina por la autovía, deberíamos llevar un juego de cadenas en nuestro coche y saber cómo ponerlas. Gaelia creció en un mundo donde se reivindicaban mejoras en los barrios, en los pueblos y donde antes había un descampado, hoy hay un ambulatorio o un parque. En aquellos años, de igual manera que se reclamaba el asfalto para la calle, se estaba dispuesto a echar el alquitrán el sábado después de salir de la fábrica o de la obra. Hay muchos ejemplos de extrarradios y pueblos que han sido construidos por los ciudadanos que los han habitado. Ahora el ayuntamiento nos da una pala para quitar la nieve de la calle y nos indignamos. El  contagio del virus se ha disparado y nos apresuramos a maldecir al gobierno de turno pero no nos acordamos de las fiestas raves, bailes en la Puerta del Sol de Madrid, botellonas y celebraciones particulares que se han prodigado por cualquier rincón de nuestro país. Gaelia se ha empachado y casi se arrepiente de creer en el ser humano tanto como lo había hecho hasta ahora. Yo, para que pueda digerir tanto empacho, le he regalado un libro de Javier Pérez Andújar. Seguro que si lo lee,  al final todo le dará igual.

¡Salud y letras!

 

© Juan Zamora Bermudo

 


domingo, 27 de diciembre de 2020

DESDE MI CALLE - DE CORONAVIRUS Y OTROS ALLEGADOS.

La dieta del ayuno intermitente está de moda en este año que acaba. Gaelia la empezó a finales del verano para depurar su cuerpo y me ha dicho que los resultados empiezan a inquietarle. Se siente más fuerte, con más energía pero que tiene pavor a enfrentarse a tantas horas en blanco, sin nada que comer. Es el precio que hay que pagar para mejorar los niveles de colesterol, de glucosa en sangre y equilibrar la tensión arterial.

La Navidad se nos presenta como el  ayuno de Gaelia, con dilemas sobre si podremos estar con nuestros familiares más cercanos, con nuestros parientes y allegados. Y es que ahora nos preocupa saber qué es un allegado, más que todo lo que nos ha acarreado la enfermedad. Los miles de muertos y muertas que nos está dejando es lo de menos; lo preocupante ahora es saber qué es un allegado. Sobre la palabra han corrido ríos de tinta y cientos de horas de radio, cuando cualquier persona cabal sabe lo que es amiga, novio, allegado, compadre, pariente, simplemente conocido y demás sinónimos que puede tener una relación personal que no está ligada a la consanguinidad. Si uno invita a alguien en la cena de Nochebuena es porque o es familiar o es un allegado en todas las acepciones posible. Si alguien se desplaza a casa de su amigo a celebrarla, lo hace porque su relación y afinidad es grande. Lo demás creo que es hacer hervir la olla para llenar horas de televisión, de radio y hojas de prensa pues no tienen otra cosa de la que hablar. ¿No os pasa que a veces veis una noticia estirada como un elástico, sin motivo aparente?.

Para 2021 mis deseos van a ser más bien modestos. Hay muchos gurús que dicen que la pandemia ha sido un aviso más de la naturaleza ante la acción devastadora del hombre en el planeta. Esto me ha hecho recordar aquél viejo cuento de W.W. Jacobs que leí cuando era más joven, que hablaba del poder mágico de una pata de mono disecada, a la que le podías pedir un deseo pero que si te era concedido lo era a costa de alguna desgracia. La familia que pidió el deseo de poseer doscientas libras, las obtuvo pero fue como indemnización por la muerte de su hijo. Terrible moraleja, como terrible está siendo principio de siglo. Prometo no pedir gran cosa cuando tome las uvas, no sea que tenga que pagar un precio excesivo por mi codicia; aunque quién sabe si habré empezado la dieta del ayuno y ni siquiera pruebe las uvas.

Cuídense amigos. Cuidaos los míos, no quiero que el virus se nos cuele en casa como un allegado más.

Salud y letras para 2021.

© Juan Zamora Bermudo

Twitter: @ursozamora

 

En el reino de Midas

Mientras chirrían tus arrugadas costuras de bronce, me vienen recuerdos de cuando apenas había pequeños surcos. Te veo acostada, y a veces recuerdo  tu cuerpo esbelto, tu piel de seda y tu pelo azabache. Y es que cuando perdemos juventud, ganamos vivencias. Cuando nos falla la memoria, es hora de escapar y vivir el presente. Cuando tu cuerpo no puede, tu experiencia sustituye los resortes instantáneos de antaño. Antes nuestros cuerpos eran motores de explosión y ahora son de hidrógeno y de terciopelo. Porque cuando mi cuerpo no puede, siempre estás tú que sabe cómo deshacer las arrugas de plomo y convertirlas en oro.



https://www.elpespunte.es/desde-mi-calle-de-coronavirus-y-otros-allegados/

miércoles, 11 de noviembre de 2020

DESDE MI CALLE – LA VIDA EN BOLSAS

Hacía semanas que no tenía noticias de Gaelia. La había buscado por los locales y lugares donde solíamos vernos. En los bares de su barrio nadie sabía de ella y no eran capaces de darme información.

Llegué por la mañana temprano al mercado de La Boquería para comprar pescado. Di una vuelta para ver el género y ví a Gaelia en el bar del mercado, sentada en un taburete tomando un café con leche. Se alegró de verme, aunque noté en ella un aire de tristeza. Enseguida pensé que la pandemia se había cebado con ella o con alguien de su familia.

No, Juan. La pandemia está respetando a los míos, pero me he visto en una de las peores experiencias de mi vida. He tenido que vaciar el piso donde vivieron mis padres durante cincuenta años de su vida. Ya sabes que mi madre nos dejó hace tres años y ha sido ahora que he reunido fuerzas para sacar sus muebles, su ajuar y todos los recuerdos que allí había. He revivido cada blusa, cada fotografía, cada jarra de cristal, cada documento que representaba una compra, cada carta de la familia que guardaban perfectamente clasificada en carpetas, cada recibo, cada libro, la luz del piso y el olor a familia. Después de pasarme tres días enteros encerrada en donde pasé mi infancia, la vida de mis padres me ha cabido en dos bolsas de basura llena de cosas de las que no he podido desligarme. Tiré a la basura aquello que no representaba más que un paso burocrático por este mundo y conservé lo que para mí representaba lo que quería conservar de ellos. Ahora las bolsas las tengo guardadas en un trastero y no sé cuándo podré abrirlas para recordar lo que quise conservar. No soy capaz de volver a enfrentarme a la experiencia de ver lo que he decidido guardar. Quizás cuando acabe la pandemia y todo vuelva a estar seguro, vuelva a dar vida a la muerte.

Entiendo que Gaelia no haya querido llamarme y haya huido del mundo por unas semanas. No sé qué haré yo cuando me llegue el momento de decidir lo que vale y lo que no vale de unas vidas que ya no están o que están a punto de dejarnos. Mi padre me contó que cuando falleció su madre, su hermano hizo una pira en el corral de la casa del pueblo y prendió fuego a lo que ya no debería permanecer en este mundo. El fuego purificador es el que devuelve la esencia de la persona al mundo. Quizás algún día le cuente a Gaelia lo que se hacía antiguamente con los ajuares de los difuntos. Nadie nos ha dado una receta con un tratamiento que te alivie en esos momentos tan especiales, aunque estaría bien que alguien lo pusiera en algún manual de psicología, para evitar que nuestras vidas quepan en bolsas.

¡Salud y letras!


https://www.elpespunte.es/desde-mi-calle-la-vida-en-bolsas/


www.freepick.com

domingo, 27 de septiembre de 2020

DESDE MI CALLE - SALTAR CON RED DIGITAL

 Llevo seis meses trabajando desde casa. Jamás pensé que sería capaz de aguantar tanto tiempo sin ir a la oficina; sin reuniones presenciales, sin cafés de máquina, sin menú del día, sin lunes de fútbol, sin verle la cara pica viruelas a Martínez, sin escuchar la matraca de cualquier divorciado al salir del trabajo. He tenido que acomodar un rincón de mi casa para instalar la oficina y ampliar el equipo de trabajo y las conexiones. La empresa donde trabajo llevaba dos años con el proyecto del teletrabajo y ya teníamos alguna experiencia en estar conectados a distancia, aunque la pandemia ha sido un empujón tecnológico y de adaptación para mantenernos al cien por cien, como si no pasara nada. Mi vida ha cambiado mucho para bien y para mal, aunque observo que tiene más beneficios que inconvenientes. Madrugo menos ya que no tengo que ir al centro de Barcelona, puedo comer a diario con mi familia, vivo intensamente lo que se cuece de puertas para adentro de casa, mi actividad física ha mejorado puesto que tengo más tiempo para nadar, levantar pesas o asistir a alguna clase dirigida. Lo que he perdido en estos seis meses también es mucho. La falta de contacto personal ha dejado la posibilidad de aprender de mis compañeros/as en pañales. Es muy complicado que alguien te enseñe cualquier operación nueva para ti, porque priva lo inmediato. La motivación a veces se busca y no se encuentra ante la sensación de aislamiento. La comunicación desde lo más alto de la empresa es muy necesaria para mantener la tensión y en eso me siento privilegiado porque desde las más altas esferas tenemos el “telediario” quincenal y nos informan de la marcha de del negocio, del incremento o pérdida de clientes, de las ventas, de la marcha de los nuevos proyectos y en ocasiones nos regalan alguna conferencia de algún popular epidemiólogo, de alguna persona experta en charlas de motivación y este tipo de cosas nos ayuda a seguir en la brecha y superar los pequeños baches anímicos. Aparte, no tener hijos en edad escolar, como es mi caso, es una bendición divina porque hay compañeros/as que dicen que están pasando un auténtico suplicio con los peques en casa.

Si puedo sacar una primera conclusión de este periodo profesional, es que es preciso organizar una rutina diaria, donde estar bien alimentado y la actividad física sea básico para seguir equilibrado en todos los aspectos de la vida. La radio, la lectura, las series y películas y tener la vida social mínima que permita el virus, es la otra parte que hay que cuidar. No sé si este método puede ser útil a todo el mundo, pero confieso que a mí me está sirviendo para no desfallecer.

P.D.: Gaelia me ha contado que ha dedicado algunos días a vaciar armarios y quemar aquello que ya no forma parte de su vida y que tenía olvidado. Seguro que más de uno ha hecho lo mismo.

¡Salud y Letras!

 

Juan Zamora Bermudo

 

Escuela de escritores

Al final del pasillo he visto apilados todos los cuentos que imprimí de “La Ventana de Millás”, aquel concurso de la radio de principio de los dos mil. Con el confinamiento Pedro ha limpiado los armarios de trastos y documentos de una época anterior. Ya no recordaba que había guardado las hojas de aquellos cuentos. Ahora que las reviso, veo que con Millás había una increíble y talentosa cantera de aficionados en aquellos años. Autores que admiraba y a los que les perdí la pista sin saber si han podido publicar. Después de leerlos casi todos, he decidido que los voy a sacar del pasillo y los volveré a guardar. Nunca se sabe.

© Gaelia 2020

Imagen: Freepik.


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jueves, 28 de mayo de 2020

DESCONEXIONES ACCIDENTALES

Hoy no me ha llegado ningún correo, tal vez porque la conexión ha dejado de funcionar. Reviso el router y veo que todo está en orden. También lo están los puertos, los HDMI, los auriculares. Tal vez debería abrir la caja del ordenador por si se ha introducido algún cuerpo extraño, pero no me atrevo. El equipo es un bien valioso y no quiero hacer un mal uso de él. Sigo conectado con los quehaceres habituales y me pregunto qué hay más allá de la pantalla para que cada día mi rutina me lleve al mismo lugar. Es un acto que no requiere esfuerzo, que incluso me resulta un disfrute personal y me da fuerzas para enfrentarme a todo lo demás. Siempre he pensado que cuando estás en un barco que no es un cascarón de nuez, que no hace aguas y que además te enseña a navegar, estar en cubierta es un privilegio, aunque en ocasiones las olas te arrebaten el equilibrio y te vengan las dudas.

Hago una llamada por la red para comprobar si hay alguien más allá y todo va bien.

Hola Juan, ¿Cómo estás?

Ufff, empezaba a pensar que no tenía conexión. No me llega ningún e-mail desde hace horas y creía que alguien me había desenchufado. Por un momento me he sentido una provincia de ultramar. Pero veo que todo está en orden. Gracias por responder. Hasta luego.

Y es que hay desconexiones que sirven para volver a enlazarte con más fuerza porque sigue habiendo generador de energía. Y si el generador falla, siempre encuentras otro con nueva onda pero igual potencia.

 

© J. Z. B.

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domingo, 26 de abril de 2020

ESCUELA DE ESCRITORES

Al final del pasillo han quedado apilados todos los cuentos que imprimí de “La Ventana de Millás”. Con el confinamiento Isabel ha limpiado los armarios de trastos y documentos de una época anterior. Ya no recordaba que había guardado las hojas de aquellos cuentos. Ahora que las reviso, veo que con Millás había una increíble y talentosa cantera de aficionados en aquellos primeros años 2000. Autores que admiraba y a los que les perdí la pista sin saber si han podido publicar. Después de leerlos casi todos, los voy a sacar del pasillo y los volveré a guardar. Nunca se sabe.


© Gaelia 2020





sábado, 25 de abril de 2020

Desde mi calle – La procesión va por dentro. Publicado en el Pespunte Osuna en abril de 2020

Este año el virus nos ha pillado por sorpresa, pensando que no sería para tanto. Este año no han procesionado los pasos por pueblos y ciudades. La llegada de la primavera nos tiene recluidos en nuestras casas a la espera de que la situación de la pandemia mejore. Quiero referirme a lo que la Semana Santa tiene de especial para quien nunca la vivió y que se ha acercado a ella en los últimos años. La Semana Santa no la veo como lo hace un buen cofrade,  sino como lo hace un escéptico ante el hecho religioso. Para quien la vive como un excepcional hecho cultural, como es mi caso, la Semana Santa merece estar entre los eventos más importantes del año. Me apasiona ver la multitud que se arremolina ante la salida de los pasos. El silencio que en momentos importantes se deja oír. El canto de los pájaros, el olor de las flores y sobre todo la música que rodea y envuelve el ambiente tan único.  La música de la Semana Santa es de las más emocionantes que he sentido, ya sean las marchas procesionales o las saetas tan increíblemente profundas.
En Cataluña, la presencia de la emigración andaluza ha dejado consigo un buen número de procesiones y actos relacionados con la Semana Santa. Personalmente, he disfrutado mucho de momentos en L’Hospitalet y su cofradía de los 15 + 1, donde, cuentan las crónicas, un grupo de amigos de Osuna, en medio de una fiesta matinal, se propusieron fundar la cofradía, algo que  con el paso de los años se ha consolidado, siendo la más multitudinaria de Cataluña. La Madrugá la he vivido en varias ocasiones en Sant Vicenç dels Horts, donde la Virgen de la Soledad y el Cristo de la Salud cuentan con una cofradía originaria de los pueblos de Jaén y donde, año tras año, primeras firmas del flamenco se dan cita en sus calles. Fue precisamente con motivo del pregón de esta Semana Santa, donde pude admirar el cante de Manuel Cuevas y su voz tan acoplada a la saeta más genuina.
Las procesiones de Barcelona ciudad tienen también la esencia de la emigración andaluza, con pasos de la Macarena o de la Virgen de las Angustias, las cuales recorren las calles más auténticas del centro de la metrópoli. Son las famosas Ramblas y La Catedral las partes más emblemáticas del vía crucis del Viernes Santo.
Espero que el año que viene la Semana Santa nos traiga de nuevo todo su esplendor cultural y gastronómico y que podamos disfrutar de la entrada de la primavera con nuestras familias y amigos, como manda la tradición. Ojalá tenga la oportunidad de acercarme a Sevilla o a Osuna y vivir de cerca todo lo especial que tiene esta fiesta en lugares tan especiales y simbólicos, en lo personal y en lo colectivo. Esperaremos pacientemente a que llegue 2021 y dejemos atrás este momento tan angustioso.
No me quiero despedir sin dedicarles mi recuerdo más afectuoso para quienes han padecido el golpe del Covid-19 y para las familias que han sufrido la pérdida de algún ser querido.
Les dejo una breve reflexión de Gaelia  sobre las adicciones y la autodestrucción, muy oportuna en estos tiempos de tribulaciones víricas.
Juan Zamora Bermudo

HACIA LAS TINIEBLAS

Nuestra amistad ha llegado al punto de la absorción, de la falta de voluntad. Hago lo que ella quiera, sin pedirle nada a cambio. Y no necesito rogárselo porque me lo da todo. Porque me lleva hacia lo salvaje. Porque me ha atrapado en su espesa tela de insecto venenoso y me ha inoculado su flujo amoroso. Porque cuando me chupa la sangre, me siento bajando a las  tinieblas de las que no puedo escapar y cuando todo acaba, me propongo que esa será la última vez que lo haga. Quiero resistir y huir de este lugar inmundo  clavado en un sótano lleno de ratas y cucarachas. Esta amistad no me conviene, aunque me apasione. Será porque soy un hombre casado o porque la enfermedad que me ha contagiado me recome el hígado, los riñones y no puedo con los temblores, con los sudores. Y pasan las horas y la echo de menos. Su voz, su risa, su pelo, su inteligencia y todo lo que me susurra me vuelven loco. No hice caso a quienes advirtieron que ir más allá era un suicidio, una locura. Y fui más allá y ahora mataría por un susurro, por una dosis.
© Gaelia 2016 


https://www.elpespunte.es/desde-calle-la-procesion-va-dentro/

lunes, 6 de abril de 2020

HÉROES EN PANTUFLAS


No conservo muchas fotos de mi padre. Apenas una docena y todas de mayor. Fue un niño de la posguerra, hijo de viuda y con hambre a todas horas. En aquellos años no había posibles para retratos, lápices para el colegio o zapatos de temporada. Creció con sus cabras, su campo y los comedores sociales de la Acción Católica.  Se casó con mi madre y estuvieron juntos toda la vida, hasta que ella nos dejó inesperadamente en 2017. Él se quedó sin guía, sin timón y perdido como cuando era niño.

Después de un tiempo y visto que la salud se le estaba acabando, mi padre se fue a vivir a una residencia de ancianos a pocos metros de mi casa. Gracias a eso,  puedo visitarlo a diario, seguir su vida, sus rutinas y, sobre todo, estar cerca de él. Hacía años que no lo veía reír como lo hace ahora. Basta una vieja anécdota, un chiste, una vivencia nueva para que enseguida le encuentre, como buen sevillano, un lado cómico.

Con el coronavirus y su confinamiento, me ha asaltado el terror al ver cómo las residencias de mayores se han convertido en ratoneras, donde mueren a diario cientos de personas indefensas y donde se han vivido escenas terribles. El corazón se para al saber que mi padre está en una de ellas y no podemos hacer nada más que hablar con él por su móvil y saber que se encuentra bien. A pesar de su edad y sus dificultades, ha sabido manejarse con el móvil y eso nos está sirviendo para sentirnos un poco más cerca. Después de tantos días de encierro, su corazón se ha quejado y no hubo más alternativa que derivarlo a las urgencias del hospital comarcal. Sentí que perdía a mi padre. Estar cerca de tantos infectados por el virus era demasiado peligroso para una persona de ochenta y cuatro años. Me temía lo peor.

Mi padre volvió a la residencia en el mismo día en que fue derivado al hospital. Confinado en una habitación solo, por si traía el virus en su cuerpo, nadie puede acercarse a él. Mi padre resiste tanta dificultad porque sigue siendo aquel niño que apenas tuvo para retratos, lápices para el colegio o zapatos de temporada. Aquellos años duros templaron su carácter y ahora hace frente a la pandemia con un cuerpo dolorido y mucho humor. Mi padre es mi héroe y quiero seguir la estela que ha dejado en este mundo.

Los siento, les dejo. Me llama mi padre al móvil.

© Gaelia 2020

sábado, 28 de marzo de 2020

DESDE LA CUARENTENA DEL CORONAVIRUS

Carta publicada en El Periódico el 28/03/2020

El virus nos ha traído situaciones heroicas, de unión fraternal, de emociones antes nunca vividas por la inmensa mayoría. No sé cómo explicar lo que siento cuando desde la empresa donde trabajo nos dicen que nos van a cuidar, que nadie va a verse afectado por la crisis, que harán lo imposible por poner a nuestro alcance tests rápidos, si la Administración no puede proporcionarlos, que tenemos la línea abierta con el servicio médico y psicológico de la empresa, que la nómina de marzo la adelantan para que podamos cobrar un par de días antes, que garantizan el teletrabajo a la inmensa mayoría de nosotros, que tenemos un canal de Youtube para hacer clase de estiramientos y ejercicios de refuerzo después de la jornada laboral en casa.

En fin, jamás pensé que la empresa donde llevo más de 25 años evolucionara así y llegara a creer tanto en sus empleados. Sé que habrá cuestiones donde no haya estado a la altura y que quizás pudo haber hecho más, pero ahora permítanme que les diga que se merece un aplauso. Entre las muchas cosas que recordaré siempre de esta cuarentena, es que Zurich Seguros nos ayudó a seguir viviendo.
https://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/en-la-empresa-donde-trabajo-nos-han-dicho-que-nos-van-a-cuidar-199293

sábado, 8 de febrero de 2020

EL PESPUNTE OSUNA - DESDE MI CALLE - EL IRLANDÉS

Hace unas semanas dediqué más de dos horas de mi fin de semana en ver esta excepcional película. Una cinta de Martin Scorsese que nos muestra, una vez más, la vida y milagros de un soldado mafioso (Robert de Niro) que llega a codearse con lo más granado de la Cosa Nostra, como Russell Bufallino (JosePesci) o el mítico Jimmy Hoffa (Al Pacino), entro otros muchos. Diría que Scorsese tiene una fascinación incorregible por todo lo que rodea a las actividades de la mafia y de su implicación en la vida cotidiana de la economía y la sociedad americanas. La emigración italiana durante el siglo XIX y principios del XX llevó consigo esa parte oscura de la Sicilia profunda, la que organiza el submundo del que se sabe más bien poco, porque como se suele decir, la mafia no existe. Es cierto que pasados los años y tras algunos cadáveres despanzurrados sobre el asfalto, se conocen los detalles de los negocios que se hacían antaño. El Irlandés me deja una extraña sensación entre admiración por aquellos canallas despiadados que cruzaron el Atlántico y puro desprecio hacia esa forma de vida de quienes no tienen pudor por asesinar, robar o extorsionar, si con ello se llevan una buena pasta. En este caso, el protagonista se ve abocado a introducirse en ese mundo sórdido por razones que no desvelaré por si quieren Uds. ver la película. La vida en ocasiones es caprichosa y te abre algunas puertas a las que no has llamado nunca y sin embargo te cierra otras en las que has degastado los nudillos de tanto llamar. Y lo que nos refleja la película es que cuando cruzas algunas puertas, ya no hay posibilidad de volver sobre tus pasos a menos que te juegues el pellejo. Es una huida hacia adelante en la que pierdes el control sobre los haces o no haces, sobre lo que quieres o no quieres. Es una ciénaga de la que en raras ocasiones sales vivo.

La historia de Estados Unidos está llena de personajes como los que nos muestra El Irlandés y solamente hay que tener el sentido mafioso desarrollado para percibir la sombra de la Cosa Nostra en muchas de las noticias que llegan desde ese inmenso país.

Gaelia nos regala un micorrelato en el que nos habla de las ciénagas de nuestras vidas y de las cosas que deseamos pero no se nos dan. ¿Las cogemos sin más como si fuéramos soldados de la Cosa Nostra?

¡Salud y letras!

Juan Zamora Bermudo

https://www.elpespunte.es/desde-calle-irlandes/



 

SUEÑOS DE UNA NOCHE DE SAN JUAN

Me he levantado leyendo la columna de D. Manuel Vicent que publica hoy EL PAIS . ( https://elpais.com/opinion/2025-06-22/noche-de-san-juan-...