Bajo al subterráneo de una ciudad europea cualquiera. Me muevo entre la
riada de gentes que acuden a algún lugar desconocido. Siempre corremos,
porque la multitud te invita a ir más rápida, debes adelantar a quienes
se interponen en tu paso, debes conocer adónde te lleva ese pasillo o
qué línea de deja más cerca de la parada del autobús que te lleva al
lugar más próximo de tu trabajo, estudio o el paraíso soñado. Nos
movemos por instinto de supervivencia y en el subsuelo es donde mejor se
comprende esta forma de proceder, mientras quienes acuden por la
superficie no perciben la necesidad de sobrevivir de quienes usamos el
metro. Curiosamente, la mayoría de personas que nos estrujamos en los
andenes o en interior de los vagones, somos mujeres porque somos
nosotras quienes tenemos más impedimentos para sobrellevar esta
existencia. Varones de más de 40 años apenas hay en las tripas de ciudad
y me pregunto ¿dónde están ellos?, ¿acaso están en el olimpo de sus
vidas? ¿o es el ego el que les condiciona para ir en colectivo?. En esto
el ser humano es igual, a pesar de que un día puedo estar en París,
otro día en Barcelona o en Londres. El machismo también es percibido en
este orden de las cosas. Espero que el hombre se vaya incorporando a la
vida que nos ha tocado vivir, en el subterráneo de una ciudad europea cualquiera.
Gaelia 2015

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