Desde
hace años gran parte de la sociedad española está pidiendo una
regeneración en todos los órdenes institucionales. Nuestro sistema y
clase política parece que desfallecen y tienen poco recorrido por
delante. Muchas gentes se echaron a la calle aquel quince de mayo de
2010 pidiendo un proceso constituyente, un nuevo sistema, una nueva
jefatura del Estado. La corona, vieja institución medieval y caduca,
parece que entendió la llamada de los millones de ciudadanos que
clamaban en las calles. El Rey Juan Carlos decidió ceder la corona a su
hijo, para que tomara las riendas del sistema y acertó. Ha sabido estar a
la altura de los tiempos. Sin embargo, todo hace indicar que la
sociedad en la que vivimos, está tocada de algún tipo de transtorno cognitivo, que no logro ponerle nombre. Viendo el partido de
semifinales del Real Madrid contra el Jueventus de Turín, pude ver la
agresividad de quienes son forofos del Barça al ver perder la
eliminatoria al equipo rival. De igual manera pasa en la hinchada
merengue cuando pierde el Barça, claro. Y es que no nos damos cuenta de
que nos alegramos más de las desgracias ajenas que de las alegrías
propias. Y digo ajenas por decir algo, porque Real Madrid y Barcelona
comparten liga y selección nacional, de modo que ante un equipo de una
liga foránea, deberíamos sentir como propias las derrotas o victorias de
nuestros rivales domésticos. Pedimos regeneración institucional, pero
no pedimos regeneración social porque afecta a nuestra vida cotidiana.
Siendo como soy aficionada del mejor equipo del mundo que se llama Real
Betis Balompié, no dejo de felicitar a nuestro rival por haber alcanzado
la final de la copa de la UEFA en este 2015. Sevilla, como ciudad lo
agradecerá y si gana la competición, más. Lo malo de todo esto, es que
hay quienes no quieren que nuestra soiedad cambie porque se lo llevan crudo.
Gaelia.

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