jueves, 14 de mayo de 2015

CIRCUITO CERRADO




Entré en el vestíbulo del cajero automático a sacar los trescientos euros que quedaban en mi cuenta. Antes de entrar en el habitáculo, me aseguré de que nadie me vigilara y que podía entrar sin temor a ser asaltado. Cerré la puerta y eché el cerrojo tal como te aconseja la señal que existe en la puerta. Me percaté de que un visor del circuito cerrado de T.V. enfocaba el lugar y pensé si existiría alguien en algún lugar que me estuviera viendo en directo mientras me disponía a operar en el cajero. 



Introduje mi tarjeta y pulsé mi número secreto que habilitaba mi exiguo saldo. Solicité mis últimos euros y esperaba que los billetes salieran expelidos por la ranura del cajero. En ese preciso momento se produjo un corte de luz por lo que la operación quedó desactivada. La maquinita me devolvió la tarjeta y en lugar de billetes expelió un papelito con el cargo de la cantidad que no había recibido. Inmediatamente utilicé el teléfono que existe junto a la máquina y me puse en contacto con una voz de ultratumba. Le expliqué lo sucedido y me dijo que el cajero había quedado fuera de servicio y que no me preocupara porque el ordenador central había dado la orden de cancelar la operación.  Solamente pude salir de allí con la inquietud típica de quien no tiene otra cosa en este mundo que la fe en el prójimo

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