Siempre me he preguntado qué
ambiente debió respirarse en 1936 para que la sociedad española estallara de la
forma en que lo hizo. La hoguera estaba latente y solamente hizo falta dos
atentados casi seguidos, uno contra el Teniente Castillo y otro contra el
diputado en cortes, Sr. Calvo Sotelo, para que el fuego del odio prendiera.
Si nos acercamos en estos
momentos a las redes sociales, vemos que existe una hoguera latente y que lo
más llamativo son los mensajes incendiarios de los que están a favor y en
contra de la independencia de Cataluña. Me pregunto si ahora hubiera un atentado similar a
los citados, esta sociedad sería capaz de permanecer serena o si el conflicto
estallaría.
En manos de nuestros
representantes políticos está el acometer este nuevo curso dentro de unos
parámetros de convivencia y serenidad. Seguir azuzando a aquellos que se mueven
más por emociones que por razones, así como fomentar la confrontación y la
crispación, es crear la situación perfecta para que aparezcan grupos de
incontrolados dueños de nuestras lágrimas, tal como pasó en aquellos tristes días
de 1936.

No hay comentarios:
Publicar un comentario