Desde hace más tiempo del que me gustaría, mis hijos me dicen
que hago cosas de viejos. En casa oigo la radio por onda media, veo programas
de televisión donde el mundo rural es protagonista y lo disfruto o me gusta la
cocina ahora llamada tradicional. Soy capaz de correr una media maratón a trote
cochinero, como lo puede hacer cualquier persona madura. Ellos no entienden que
el mundo en el que vivo es distinto al suyo. Ni mejor ni peor, con sus cosas
buenas y sus cosas malas. Intento adaptarme a las nuevas circunstancias que me
rodean y creo que lo hago con dignidad, aunque reconozco que disfruto y me río
mucho más escuchando cualquier podcats de “La Cámara de los Balones” de Radio
Sevilla en mi smartphone, que con un directo del youtuber “El Rubius”o de
“Yellow Mellow”.
Ahora que los millenials son una realidad, los
centennials están llamando a las puertas de las empresas. Aparece un nuevo
perfil de empleado muy diferente al perfil que tenemos los de la generación de
baby boom o Z, pero que forzosamente debemos integrar en las organizaciones
para que estas evolucionen como lo hace el mundo. Generar equipos de trabajo
equilibrados en edad, procedencia y culturas aporta mucho a estos. Los más
jóvenes generan cambios y nos adaptan a la nueva realidad y los menos jóvenes
vemos esta realidad con la perspectiva que te da la vida vivida.
Los que tenemos 40
ó 50 años estábamos acostumbrados a hacer lo que nuestro mando nos ordenaba,
sin preguntarnos si convenía o no. Estábamos jerarquizados en una sociedad
surgida después de nuestra guerra civil o de la segunda guerra mundial. Los
millennials se lo han empezado a preguntar y para los centennials será
indispensable saber si lo que hacen tiene sentido. También dicen los expertos
que valoran mucho la conciliación laboral con su vida personal y que quieren
trabajar por un proyecto, en vez de por un horario. La conexión digital ha
hecho de esta generación haya fundido en una única realidad, el ámbito personal
y profesional y se apartan de lo que tanto daño ha hecho a las empresas: el
presentismo sin sentido y la falta de productividad. Esta es una parte del
futuro que nos viene. Particularmente me siento orgulloso de haber contribuido
con las nuevas generaciones y con el desarrollo del talento. Soy padre de dos
extraordinarias personas que aunque crean que soy un viejo, me hacen sentir
eternamente joven.
© Gaelia 2018

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