lunes, 26 de marzo de 2018

LAS EDADES DE NUESTRAS VIDAS



Desde hace más tiempo del que me gustaría, mis hijos me dicen que hago cosas de viejos. En casa oigo la radio por onda media, veo programas de televisión donde el mundo rural es protagonista y lo disfruto o me gusta la cocina ahora llamada tradicional. Soy capaz de correr una media maratón a trote cochinero, como lo puede hacer cualquier persona madura. Ellos no entienden que el mundo en el que vivo es distinto al suyo. Ni mejor ni peor, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Intento adaptarme a las nuevas circunstancias que me rodean y creo que lo hago con dignidad, aunque reconozco que disfruto y me río mucho más escuchando cualquier podcats de “La Cámara de los Balones” de Radio Sevilla en mi smartphone, que con un directo del youtuber “El Rubius”o de “Yellow Mellow”. 

Ahora que los millenials son una realidad, los centennials están llamando a las puertas de las empresas. Aparece un nuevo perfil de empleado muy diferente al perfil que tenemos los de la generación de baby boom o Z, pero que forzosamente debemos integrar en las organizaciones para que estas evolucionen como lo hace el mundo. Generar equipos de trabajo equilibrados en edad, procedencia y culturas aporta mucho a estos. Los más jóvenes generan cambios y nos adaptan a la nueva realidad y los menos jóvenes vemos esta realidad con la perspectiva que te da la vida vivida.

Los que tenemos  40 ó 50 años estábamos acostumbrados a hacer lo que nuestro mando nos ordenaba, sin preguntarnos si convenía o no. Estábamos jerarquizados en una sociedad surgida después de nuestra guerra civil o de la segunda guerra mundial. Los millennials se lo han empezado a preguntar y para los centennials será indispensable saber si lo que hacen tiene sentido. También dicen los expertos que valoran mucho la conciliación laboral con su vida personal y que quieren trabajar por un proyecto, en vez de por un horario. La conexión digital ha hecho de esta generación haya fundido en una única realidad, el ámbito personal y profesional y se apartan de lo que tanto daño ha hecho a las empresas: el presentismo sin sentido y la falta de productividad. Esta es una parte del futuro que nos viene. Particularmente me siento orgulloso de haber contribuido con las nuevas generaciones y con el desarrollo del talento. Soy padre de dos extraordinarias personas que aunque crean que soy un viejo, me hacen sentir eternamente joven.


© Gaelia 2018




domingo, 25 de febrero de 2018

DESDE LAS ALTURAS




Mi madre me engañó durante años y yo la creí. Siempre dijo que yo era un mocetón muy alto y muy guapo. La realidad me arreó un guantazo cuando me incorporé a filas y me destinaron a un batallón de infantería en Navarra. Aquella unidad estaba llena de chicarrones del norte, de aspecto fuerte, como curtidos por el frío y la lluvia. Por mi estatura quedaba siempre ubicado en las últimas filas de la formación y desde ese momento entendí que mi madre no era objetiva y que veía en mí a alguien irreal. Entendí que en la vida iba a tener alguna dificultad más que aquellos que superan el metro ochenta y que siempre estaban delante. En igualdad de condiciones, las personas altas y bien parecidas, consiguen su propósito en un número mayor de ocasiones. Nadie parece saber el motivo, pero estoy convencido de que nuestro cerebro se encarga de poner la atención en estas personas antes que en otras, como para mejorar permanentemente la especie y eliminar los individuos más débiles. Seguro que pensáis en numerosos personajes históricos que han tenido el poder de un Jefe de Estado, Jefes de Gobierno e, incluso, Emperadores y que no superaban el metro setenta, aunque me atrevo a decir que esa es la excepción que confirma la regla. Esto viene a propósito después de leer el artículo del diario El Economista, donde concluye que las personas bien parecidas tienden a ser mejor tratadas por otros individuos (ver aquí) y por consiguiente tienen menos dificultades para sobrevivir. Las personas de estatura reducida, debemos aprender otras habilidades, tener valores y convicciones que compensen nuestras carencias estéticas. Habilidades, valores y convicciones que me enseñó mi madre que, aunque me engañara por pasión, me enseñó a vivir.

© Gaelia 2018



 

SUEÑOS DE UNA NOCHE DE SAN JUAN

Me he levantado leyendo la columna de D. Manuel Vicent que publica hoy EL PAIS . ( https://elpais.com/opinion/2025-06-22/noche-de-san-juan-...